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El país de la opinión, también el de las víctimas, además de un largo etcétera de instituciones y actores nacionales e internacionales, coinciden: no dilatar más la salida de niños de la guerrilla.
Cualquier argumento a estas alturas del proceso para justificar el retraso en la entrega de los menores combatientes, por parte de las Farc, resulta peregrino, rebuscado y, tal vez, cínico. Literalmente, es una muestra de desvergüenza “en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Aunque la guerrilla justificó durante tantos años el reclutamiento de niños, igual que lo han hecho otros grupos armados ilegales, el imperativo es que se cumpla lo acordado con el Gobierno: devolver a los chicos, sin más excusas.
Desde el 15 de mayo de 2016 se conoció el documento mediante el cual las partes acordaron la salida de niños y adolescentes de las filas subversivas. Las Farc se comprometieron al retiro “de los menores de 15 años de los campamentos (...) tan pronto se acuerde el protocolo y el plan transitorio de acogida”.
Luego vinieron nuevas consideraciones, y se habló de la entrega prioritaria de aquellos de 15 años o menos, mientras que la de los de 16 y 17 años se...