Pico y Placa Medellín
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Volar torres de energía, quemar automotores e intimidar civiles son señales de un terrorismo que contradice el supuesto interés de diálogo del Eln. A su debilidad militar le añade torpeza política.
En Aguachica y Gamarra, Cesar, y en Morales, sur de Bolívar, miles de ciudadanos amanecieron anteayer sin energía eléctrica. En las terminales de transporte de Pereira, Medellín y Quibdó otros cientos se quedaron sin viajar debido a que el Eln quemó un bus. Otra gente decidió no ir o salir de la capital chocoana por la amenaza de “paro armado” de esa guerrilla.
En Ocaña, norte de Santander, los subversivos atacaron con explosivos una estación de policía y mataron a un uniformado. Daños materiales, pérdidas de vidas y terrorismo mediante deplorables actos de violencia que parecieran querer enterrar cualquier posibilidad de diálogo y de entendimiento político.
Después de más de un año y medio de conversaciones exploratorias con el Gobierno, para emprender un proceso de negociación, el Eln da señales en un sentido totalmente contrario a la racionalidad y la paz, y más bien patea el deseo y la voluntad manifiesta de la sociedad colombiana de terminar el conflicto armado.
Ya lo dijo el sacerdote...