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El súper niño llega, ¿estamos listos?

El llamado del gobierno a ahorrar agua y energía es necesario, pero insuficiente. La pedagogía del ahorro no reemplaza la infraestructura que no se construyó ni el gas que no se buscó.

hace 2 horas
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  • El súper niño llega, ¿estamos listos?

Hay fenómenos climáticos que se anuncian con tiempo, pero que igual nos toman desprevenidos. Este es uno de ellos. Un cuerpo de agua particularmente caliente en el Pacífico –una zona entre Hawái y las Galápagos–, un lugar especial monitoreado por los expertos en el clima, es señal inequívoca de lo que viene: cuando el agua allí se calienta por encima de lo normal, desencadena el fenómeno que afecta a medio mundo.

El Centro de Predicción del Clima de Estados Unidos elevó al 82% la probabilidad de que El Niño se produzca entre mayo y julio, y al 96% la de que persista entre diciembre y febrero de 2027.

Es decir, no se trata del Niño ordinario. “Hay un potencial real para el evento de El Niño más fuerte en 140 años”, dijo Paul Roundy, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Nueva York, al Washington Post. El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas calcula que la temperatura del agua en el Pacífico podría alcanzar tres grados celsius por encima del promedio histórico.

El gobierno hizo un llamado para poner en marcha medidas de contingencia. “Es indispensable ahorrar agua y energía e identificar las zonas de mayores riesgos forestales”, dijo Carlos Carrillo, director de la UNGRD, llamado al que se sumó el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, quien advirtió de un déficit de energía en firme de 3,9 teravatios entre diciembre de 2026 y noviembre de 2027. Es decir, que es más la energía que se necesitará que la que se produce: eso es lo que puede producir un apagón.

El problema de fondo es que el país llega a este momento con una vulnerabilidad estructural. La energía colombiana depende principalmente del agua que alimenta las centrales hidroeléctricas. Cuando los niveles de embalse caen, la obligación de sostener el consumo nacional se traslada de inmediato a las plantas térmicas, abastecidas por gas, carbón y combustibles líquidos. Y es exactamente ahí donde el sistema está más expuesto.

La producción nacional de gas se redujo en 17,1% en 2025, y en febrero de 2026 llegó a niveles que no se veían desde 2009. Según Andesco y el Centro Regional de Estudios de Energía, el déficit de gas para 2026 podría superar el 39%, y para 2027 escalar hasta el 58%. Esos números, solos, describen la magnitud del riesgo. Las obras de infraestructura de gas que se necesitaban fueron identificadas desde 2016 y sólo se adjudicaron en 2024. El haber postergado esa tarea pasará la factura, y de qué manera, en este super Niño.

En 2025 se esperaba la entrada de 5.720 megavatios en proyectos de generación nuevos. Entraron solo 380. Petro, que tanto habla de transición energética, no hizo nada para impulsar las energías renovables. Los grandes parques eólicos de la Guajira no han despegado y los grandes inversionistas extranjeros que los iban a desarrollar se marcharon ante la inestabilidad en las reglas de juego.

El escenario financiero tampoco ayuda. El Gobierno les adeuda más de 3,6 billones de pesos en subsidios a las comercializadoras de energía, y la intervenida Air-e les debe a su vez más de 2 billones a esas mismas empresas. Un sistema eléctrico no puede operar a este nivel de fiado.

Quedará para la historia que los gremios del sector energético –entre ellos Andesco, Andeg, Naturgas, Acolgen– han advertido de todas las maneras posibles al Gobierno sobre el problema energético y el desabastecimiento de gas en el país, que se agravaría en 2026 y 2027. El faltante subiría al 30%, lo que obligaría a importar este energético, con efectos negativos en las tarifas de energía.

Pero el gobierno hizo oídos sordos y el presidente Petro siguió con su política de frenar nuevas exploraciones de gas, prefirió el gas importado, más costoso, y no impulsó una nueva regasificadora, de la cual se viene hablando desde hace años en el país.

Gustavo Petro será recordado, también, como el presidente que hizo perder la soberanía energética. Colombia se ve hoy obligada a importar una cuarta parte de este combustible. Y eso ocurrió sin fenómeno de El Niño y con embalses todavía en niveles aceptables.

El llamado del gobierno a ahorrar agua y energía es necesario, pero insuficiente. La pedagogía del ahorro no reemplaza la infraestructura que no se construyó ni el gas que no se buscó. Para la industria y los operadores del sistema, el tiempo apremia y cada semana sin soluciones estructurales incrementa las probabilidades de apagones.

Lo que Colombia necesita hoy es un plan de contingencia creíble, coordinado y ejecutable: preservar los embalses al máximo antes de que llegue la sequía, garantizar el suministro de gas para las termoeléctricas, acelerar los proyectos de generación que ya tienen licencia y honrar las deudas al sistema.

A quien se posesione el 7 de agosto le tocará enfrentar una situación energética complicada. Ojalá no se le sume un apagón y un incremento en la inflación, que según Anif, podría llegar al 7% con esta crisis energética.

El super Niño llegará. La pregunta es en qué condiciones va a estar el país. .

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