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El nuevo libreto populista

En Nueva York se escribe el nuevo libreto populista: los controles de precios ganan elecciones hoy y producen escasez mañana. Y cuando los mercados se vacíen, el aplauso ya se lo habrá llevado otro.

hace 1 hora
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  • El nuevo libreto populista

Dos escenas resumen el experimento político del momento en Estados Unidos. En junio, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, celebró en el Bronx, cuchillo en mano y con una torta helada que decía “Happy rent freeze!”, el congelamiento por dos años de los arriendos de casi un millón de apartamentos regulados. Un mes después posó en Brooklyn con un racimo de bananos marcado con etiquetas de 30% de descuento: anunciaba los primeros cinco supermercados propiedad de la ciudad, donde carne, leche, pescado y pan, entre otros, se venderán con rebajas de esa magnitud frente a otras tiendas.

Mamdani, un socialista demócrata de 34 años, conquistó en noviembre la alcaldía de la capital mundial del capitalismo principalmente con una bandera: el costo de vida. Su diagnóstico no era inventado. En la ciudad más rica del país más rico del mundo, uno de cada cuatro habitantes es pobre —casi el doble del promedio nacional—, más de la mitad de los arrendatarios destina más del 30% del ingreso al arriendo y una guardería cuesta, en promedio, 26.000 dólares al año. Como lo hemos señalado en estas páginas, la “crisis de asequibilidad” se ha convertido en una de las fuerzas políticas dominantes de la pospandemia: ayudó a elegir a Trump en 2024 y a Mamdani en 2025, con un libreto que empieza a extenderse a otras latitudes.

Pero la novedad no está en el malestar por el costo de vida, recurrente en la vida política estadounidense —basta recordar los vaivenes que trajo la crisis del petróleo en los años setenta—, sino en el recetario con que la nueva estrella de esa política promete resolverlo, con un sabor que no es precisamente americano: congelar arriendos, subsidiar mercados o regalar el transporte público. The Atlantic bautizó la doctrina como “socialismo de consumo”: ya no se trata de liberar al obrero de la explotación del patrón, sino al consumidor del peso de los precios, con beneficios universales que pagarían, en teoría, solo los más ricos.

El problema es que buena parte de ese libreto ya fue ensayado. Los controles de arriendos protegen a quien ya tiene contrato, pero pueden reducir la oferta de vivienda en alquiler y encarecer el segmento no regulado. En Berlín, pese al Mietpreisbremse vigente desde 2015, los arriendos han subido casi 70% en una década; y en Escocia, donde en 2022 se congelaron los aumentos de los contratos existentes pero no los nuevos, estos últimos registraron fuertes alzas.

Con los supermercados estatales pasa algo parecido. Vender comida es un negocio de márgenes mínimos —las grandes cadenas operan con utilidades de entre 1% y 4%— y, como ha documentado The Economist, los alimentos no subieron por la “avaricia” de los tenderos, sino por los fertilizantes, la energía y los salarios. Una tienda pública que no paga arriendo ni impuestos no compite: opera con un subsidio escondido, pagado por todos los contribuyentes, capaz de quebrar al tendero de la esquina.

Y sin embargo, en un fenómeno que debe encender las alarmas, el libreto está triunfando en las urnas. En junio, tres candidatos al Congreso apadrinados por Mamdani ganaron sus primarias tumbando a veteranos de su propio partido, y otras ciudades principales del país podrían sumar pronto gobernantes de la misma corriente. Se habla del ascenso del “socialismo Gen-Z” y ya se discute, en serio, si un populista de izquierda puede ser el candidato demócrata en 2028, con posibilidades de ganar la presidencia. En la economía de la atención, la complejidad pierde contra los eslóganes simples, y pocos eslóganes rinden más que prometer precios congelados.

Nada de esto debería sonar exótico en América Latina: este manual lo escribimos nosotros. Los controles de precios y los mercados estatales de la Venezuela chavista terminaron en anaqueles vacíos, colas y mercado negro; los “Precios Cuidados” y las tarifas congeladas de Argentina, en distorsiones que ese país todavía paga. La diferencia es que ahora la receta regresa legitimada desde Nueva York, con rostro joven y mejor mercadeo, justo cuando el costo de vida se convierte en el tema político de la región: marchas contra la gentrificación en Ciudad de México, arriendos disparados en las grandes capitales y, en Medellín, la sensación, cada vez más extendida, de que “todo está muy caro”.

Colombia, además, ya conoce el impulso: aquí se congelan peajes por decreto, se subsidian combustibles hasta abrir huecos fiscales billonarios y se sube el salario mínimo 23% sin preguntar quién paga. No faltará el candidato —de izquierda o de derecha, porque el populismo no tiene ideología fija— que descubra que prometer arriendos congelados y mercados subsidiados paga en las encuestas.

La carestía es real, y quien la sufre vota. Si la política seria no ofrece soluciones de fondo —construir más vivienda, agilizar trámites, promover la competencia, focalizar los subsidios en los más pobres—, los electores terminarán comprando las mágicas. En Nueva York ya se está escribiendo el nuevo libreto populista: los controles de precios ganan elecciones hoy y producen escasez mañana. Y cuando los mercados se vacíen, el aplauso ya se lo habrá llevado otro.

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