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Durante cuatro años en Colombia vivimos en una especie de realidad paralela en la cual se trataba de pelear con la realidad y la lógica: tenemos petróleo, necesitamos consumir petróleo, contamos con una de las mayores empresas petroleras de América Latina y, sin embargo, al propio Gobierno le parecía una idea brillante no buscarlo ni extraerlo.
Gustavo Petro intentó adoctrinar al país y al mundo al respecto. Lo quiso vender como una idea progresista, hasta que se dio cuenta que ni Brasil, gobernado por Lula da Silva; ni Noruega, uno de los países que ha sido referente de la socialdemocracia y de políticas ambientales, han renunciado al petróleo. Todo lo contrario. Brasil aumenta su producción para financiar la transición energética y Noruega lo convierte en riqueza acumulada para pagar las pensiones de su país.
Ambos tienen claro que una cosa es reconocer que el mundo avanza hacia energías más limpias y otra muy distinta desmontar una de las mayores fortalezas económicas del país antes de tener listo aquello que habrá de sustituirla.
Por eso, definido el nuevo gabinete que acompañará al presidente Abelardo de la Espriella, ahora la gran expectativa está puesta en quién será el nuevo o nueva presidente de Ecopetrol. El mandatario ya dio la línea en su discurso de posesión: “Recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva y absoluta de mi gobierno, queridos compatriotas”. Colombia volverá a explorar petróleo y gas, recuperará la inversión en hidrocarburos y abrirá incluso la discusión sobre el fracking bajo estrictos controles ambientales.
Colombia no tiene por qué escoger entre petróleo y energías renovables como si fueran enemigos irreconciliables. Puede utilizar durante las próximas décadas la riqueza que todavía existe bajo su suelo para financiar precisamente la transformación energética.
Ecopetrol podría convertirse en el punto de encuentro de esos dos caminos. Una compañía que explore petróleo y gas con intensidad, que aumente reservas, que aproveche sus refinerías y oleoductos, que preserve activos internacionales altamente rentables y, simultáneamente, invierta con rigor empresarial en transmisión eléctrica, hidrógeno, energías renovables y nuevas tecnologías.
La petrolera necesita una intervención a fondo que comienza por poner al frente de la empresa a un experto en el sector de hidrocarburos, un súper gerente que le devuelva el brillo que perdió en los últimos cuatro años. No se puede improvisar en este cargo, ni poner un amigo de confianza, como ocurrió en el gobierno saliente con el nombramiento de Ricardo Roa. Debe llegar un ejecutivo con temple e independencia, que fortalezca el gobierno corporativo e impulse un sector que sufrió un duro golpe en el gobierno del cambio.
Ecopetrol es una empresa gigante que necesita al mejor o a la mejor al frente. Es un grupo empresarial con 20.000 empleados, presencia en nueve países, y grandes compañías subordinadas como ISA, Hocol, Cenit, Equión, Ocensa, las refinerías de Cartagena y Barrancabermeja.
Hay además una razón fiscal que vuelve urgente la recuperación de Ecopetrol. El Estado colombiano necesita desesperadamente recursos. Solo sobre las utilidades correspondientes a 2025 se decretó un dividendo ordinario de $121 por acción y la Nación recibió una parte sustancial de esos recursos como accionista mayoritario.
Ecopetrol pasó de un periodo de iguanas gordas a iguanas flacas. En 2022 había reportado los mejores resultados de su historia con ingresos por $159,5 billones y una utilidad neta de $33,4 billones. Mientras que en 2025 los ingresos llegaron a $119,7 billones, una caída del 73% frente al 2022, y las utilidades cayeron a $9 billones.
Al frente de la compañía, cuando mostró sus mejores resultados, estaba Felipe Bayón, un ingeniero con más de tres décadas de experiencia en el sector de hidrocarburos. Al mismo que Petro sacó en marzo del 2023 para poner a su gerente de campaña, Ricardo Roa, como presidente de la petrolera.
No fueron pocos los daños. Echó para atrás el proyecto de la cuenca del Permian que le generaba importantes recursos a la empresa, debilitó el gobierno corporativo al poner en la junta personas completamente extrañas al mundo de la industria petrolera o de la administración, pero lo más grave fue el golpe reputacional que sufrió la petrolera, por los dos procesos penales en contra de Roa, pero también por las denuncias sobre la posible injerencia de Verónica Alcocer, exesposa de Petro, y del catalán Manel Grau en los negocios de la petrolera.
Por eso el viraje es urgente y necesario. En los próximos días se sabrá quién quedará al frente de la que era considerada la joya de la corona y que ahora está necesitando cuidados intensivos por las decisiones tomadas por el gobierno saliente. El nuevo presidente de Ecopetrol deberá ser, insistimos, mucho más que alguien de confianza. Tendrá que ser una persona con experiencia, independencia, conocimiento del sector y suficiente carácter para decirle incluso al Presidente de la República que una determinada decisión no le conviene a la compañía.
Porque cuidar Ecopetrol no es defender una petrolera. Es defender una parte fundamental del patrimonio de los colombianos.