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El caso Epstein y la vergüenza colectiva

Mientras en Europa todavía parece existir una democracia funcional y cierto grado de vergüenza por parte de los políticos, Estados Unidos parece haberse quedado congelado frente a tantas revelaciones.

hace 1 hora
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  • El caso Epstein y la vergüenza colectiva

El caso Epstein se extiende como una mancha de aceite por todo el mundo, pero las consecuencias sobre las personas que se han visto salpicadas no son las mismas. A diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, las nuevas revelaciones sobre el magnate han derribado a destacadas figuras del Viejo Continente. Aunque si hay algo que prevalece en todas partes es que las víctimas siguen sin encontrar justicia.

En más de media docena de países europeos se han producido dimisiones, anuncios de investigaciones y disculpas públicas. Es más, ya son muchos los que están pidiendo la cabeza del primer ministro británico Kirk Starmer, no por salir en esos expedientes, sino por haber nombrado como embajador en Washington a Peter Mandelson, un político que tenía claros nexos con Jeffrey Epstein. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, las consecuencias han sido más moderadas aunque se cuenten por cientos los vínculos con altos cargos, empezando por el actual presidente estadounidense, Donald Trump. En Estados Unidos, las sucesivas revelaciones sobre el caso están teniendo consecuencias muy limitadas. Y por ahora, el escándalo sólo ha forzado la dimisión de algunas personalidades del mundo empresarial y académico,

Hay que reconocer que el trabajo y el compromiso de algunos senadores de ese país, junto a la labor de varios periodistas, ha permitido tener acceso a esos archivos cuya extensión en sí es abrumadora. Lo que se destapa cada día, a pesar del interés de ciertas autoridades por mantenerlo oculto, es que Epstein promovió y sirvió de catalizador de una red de misóginos desenfrenados que consideran a las mujeres como objetos, tanto de odio como de deseo. Son hombres de todos los países y estructuras de poder: financieros, intelectuales, artistas, gurús del bienestar, realeza de los petrodólares, oligarquía rusa, Hollywood, Silicon Valley, y un largo etcétera.

Sin embargo, mientras en Europa todavía parece existir una democracia funcional y cierto grado de vergüenza por parte de los políticos, Estados Unidos parece haberse quedado congelado frente a tantas revelaciones. Tal parece que las instancias de poder quieren correr un tupido velo y tratar el asunto como si fuera algo sórdido y puntual que no tiene nada que ver con ellos.

Pero en el fondo de todo, como lo explica Carole Cadwalladr, la periodista inglesa que destapó el escándalo Facebook/Cambridge Analytica, hay un problema cultural: “El interés sexual obsesivo y generalizado en las adolescentes, y hasta cierto punto, en los niños, se encadena insistentemente a través de nuestra cultura. Lo que pasa es que elegimos ignorarlo y mantenerlo en la oscuridad”.

De otro modo no se explica que distintas mujeres, adultas y suponemos educadas, también hayan tenido relaciones de amistad con el pedófilo. Aún sabiendo que Epstein había sido convicto por crímenes de esta índole, princesas escandinavas, nobles inglesas y representantes de altos cargos internacionales mantuvieron vínculos con este hombre que supo cómo moverse en los círculos de mayor poder y encontrar sus debilidades para explotarlas a su favor.

Si bien es cierto que no está probado que las personalidades cuyos nombres aparecen en los archivos de Epstein hayan cometido delitos, el solo hecho de visitarlo o frecuentarlo ya deja mucho que desear.

Esas historias que se creían producto de una teoría conspiranóica, esos testimonios potentes como el de Virginia Giuffre que lo contó todo en varias entrevistas y en un libro, se van confirmando a medida que se descubre más información en esos archivos que se han hecho públicos. Pero por el momento hay una falta de reacción pasmosa. Trump dijo en estos días que “Realmente es hora de que el país pase a otra cosa”, cuando un periodista le volvió a preguntar por sus nexos con Epstein. Puede que consiga distraer la atención de sus ciudadanos sobre este tema generando algún otro escándalo, pero la magnitud de lo que se está destapando no va a permitir que la gente olvide tan fácil.

Es difícil procesar una historia con tantas aristas y tantas revelaciones que se destapan minuto a minuto. Sumergirse en esos tres millones de documentos, 180.000 imágenes y 2.000 videos es una labor titánica que tomará bastante tiempo completar, pero de aquí tiene que salir algo bueno. Después del asombro, después del sobrecogimiento que produce acercarse a esta realidad, se necesita que se depuren responsabilidades, que al menos se den interrogatorios, que se investigue, para que las víctimas sientan que hay algo de justicia.

Julie K. Brown, periodista del Miami Herald cuya meticulosa investigación sobre Epstein se publicó como reportaje en el 2018 concluyó que este había podido seguir adelante con sus crímenes “porque casi todos los elementos de la sociedad le permitieron salirse con la suya”. Sobre esto hay mucho que reflexionar como sociedad.

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