La pandemia, la contaminación ambiental, la congestión vial, todos fenómenos con graves consecuencias sobre la vida y la salud pública, obligan a multiplicar esfuerzos para alcanzar las metas del Plan Maestro Metropolitano de la Bicicleta (PMB2030), Acuerdo Metropolitano n.° 17 de 2015.
Las megaciudades, unas más adelantadas que otras, trabajan en un compromiso global por hacer de su movilidad una actividad sostenible, incluyente, no agresiva y altos niveles de bienestar colectivo e individual, teniendo como base el uso de la bicicleta.
El norte del PMB2030 es lograr, al cierre de la década, que por cada persona que se baje del transporte público, dos más lo hagan de sus vehículos particulares, a fin de que las tres se muevan en bicicleta. Así, el 10 % de los viajes diarios (6.200.000) se harían en cicla, hoy está cercano al 2 % y para 2023, con nueva cicloinfraestructura metropolitana, el desafío es llevarlos al 4 %.
En 2012, en la primera medición del uso de la cicla en el Aburrá, los biciusuarios solo llegaban al o,67 %. En los últimos 10 años en Medellín, por iniciativa de académicos, universitarios y expertos en sostenibilidad, comenzó a abordarse la cicla como medio alternativo de transporte. Hoy es protagonista en las agendas públicas.
La bicicleta es un vehículo incluyente, no contaminante, eficiente para desplazarse en áreas urbanas, liviano, silencioso, seguro, favorece el distanciamiento social, la salud física y mental; es antisedentario, ajeno a los tacos, pacificador de las vías, generador de ahorro en transporte, combustibles y asequible para todos los estratos.
Según la última Encuesta Origen-Destino del Aburrá, solo el 18 % de la población puede acceder a un carro, la moto, que está disparada, con gran contaminación y accidentalidad, predomina en los estratos 1, 2 y 3, y los carros particulares en los estratos 5 y 6, mientras que la bicicleta se posiciona como el vehículo con igual participación en todos los estratos.
Las metas del PMB2030 aún no logran que las políticas de diseño y planeación del Aburrá se enfoquen en hacer de la bicicleta la fuerza dominante del transporte urbano. El compromiso contrarreloj a 2030 exige crear 120 km de ciclorrutas en cada mandato. Hoy la ciudad solo tiene 104 km, posibles gracias al compromiso de la alcaldía pasada que elevó en más del 60 % la red existente.
El actual plan de desarrollo también se queda corto con su meta de 50 km más de ciclorrutas, algunos para conectar los tramos existentes. A favor del mismo debe tenerse en cuenta que en el equipo de gobierno hay funcionarios clave que saben del tema, lo han defendido como activistas de la movilidad activa y se espera sean protagonistas para acelerar el PMB2030.
Hacer del uso de la bicicleta una nueva cultura, un compromiso de conciencia ciudadano por la sostenibilidad de la subregión es complejo, se trata de un cambio de estilo de vida, algo así como montarse en una nueva cultura metro, un espacio donde hoy todos cabemos, con respeto por la norma y el otro.
Amsterdam, Holanda, una de las capitales más organizadas del mundo, trabajó por más de 60 años en un proceso concertado entre autoridades públicas y privadas; líderes, planificadores urbanos y diseñadores hasta convertirse en referente mundial en el uso de la bicicleta.
Hace 44 años, el arquitecto Jaime Ortiz, impresionado por el caos vehicular y la agresividad entre los usuarios de la vía, logró que la alcaldía de Bogotá, permitiera el uso de 10 km de vías, por 8 horas, para mostrar las bondades de la bicicleta. Hoy la capital, con el apoyo decidido de alcaldes como Enrique Peñalosa, tiene alrededor de un millón de biciusuarios y toda una cicloinfraestructura a su disposición, no obstante las dificultades. Así que a pedalear0 por el Aburrá.
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