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Una hermosa desconocida

01 de diciembre de 2018
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El boom de las series también es un fenómeno económico. Conglomerados como Netflix o HBO invierten millones de dólares para incluir en su nómina a directores, guionistas y actores cuyos elevados perfiles solo encontraban una remuneración adecuada en la industria del cine. Ahora, en el afán de atraer a las audiencias, las nuevas producciones se preocupan por tener nombres cuyo magnetismo asegure el éxito. Nicole Kidman demostró en Little White Lies que no ha perdido ni un ápice de su belleza y glamour. Matthew McConaughey y Woody Harrelson operaron como pareja disfuncional de sabuesos en True Detective. Anthony Hopkins se convirtió en el núcleo intelectual y maquiavélico de Westworld y estrellas como Emma Stone, Amy Adams, Ewan McGregor o Kevin Spacey han tenido la oportunidad de convertirse en los rostros icónicos de alguna producción serial.

Sin embargo, en el ecosistema de las series, algunas de las especies más interesantes se encuentran entre los roles secundarios. Actores y actrices cuyos nombres todavía no son memorizados por los fanáticos pero que le aportan una energía increíble a las historias. El primer caso que se me ocurre es el de Aaron Paul en Breaking Bad, cuyo personaje estaba destinado a morir en la primera temporada, pero el actor hizo tan bien su trabajo que fue inconcebible continuar las siguientes temporadas con la ausencia de Jesse Pinkman. El trabajo del actor Ben Mendelsohn en Bloodline es otro caso destacado o el de Billy Bob Thornton en la primera temporada de Fargo, un villano tan ruin como encantador, mal puro desfilando en la pantalla.

En el ejercicio de examinar estas figuras secundarias que existen para gatillar los conflictos de la trama, ser antagonistas implacables o convertirse en la cuota obligada de torpeza y humor, destaco el trabajo de Julia Garner en algunos títulos imperdibles. Nacida en 1994, esta rubia de aspecto silvestre empezó su carrera interpretando roles secundarios en algunas películas de cine independiente, algunas producciones de terror y pocos títulos comerciales como Sin City 2. En 2015, The Americans la fichó para interpretar a Kimberly Breland, la hija de un agente del FBI seducida por uno de los espías rusos que buscaba grabar las conversaciones del padre. Garner también apareció en capítulos de la serie Girls y en algunos episodios del drama musical The get down, siempre en papeles que pasaban inadvertidos y, en apariencia, no eran fundamentales para la trama. Sin embargo, su presencia siempre tiene un cariz exótico y salvaje acentuado por la intensidad con la que interpretaba cada rol. Sus gestos son agresivos por muy sutiles que parezcan y su voz tiene facultades camaleónicas que pueden apreciarse en todo su esplendor en papeles recientes, en las series Ozark y Maniac, en las que podemos ver a una actriz inaudita que no está muy lejos de tener al grueso de la industria a sus pies.

En Ozark, Linda Garner hace el papel de Ruth Langmore, cerebro criminal de una familia de rednecks marginales cuyas vidas están signadas por la exclusión y la mala suerte. Me atrevo a decir que el éxito de la serie, que se ha promocionado como una digna sucesora de Breaking Bad, se debe en parte al trabajo de Garner, quien ha sabido imprimir en su modo de hablar y en sus rictus faciales hastío, crueldad, valentía y fragilidad por partes iguales.

En Maniac, Garner tiene breves apariciones aunque muy significativas, pues es la hermana de la actriz principal Emma Stone. Su muerte prematura es el detonante de los traumas que Stone intenta superar con la terapia de fármacos y hundimiento onírico. Si en Ozark Garner es capaz de proyectar la violencia de una fiera, en Maniac se desborda en inocencia y delicadeza para despertar un sentimiento de compasión que abriga a los demás personajes, tan lacerados y solitarios en sus psicosis íntimas.

Julia Garner es rubia y de ojos azules, fácilmente pudo dejarse encasillar en roles limitados por su belleza física, pero su talento le permite escapar de los estereotipos y labrarse un porvenir en el que su voz y los rostros que lucirá no tendrán límites.

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