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A propósito del Hay Festival que se realiza por estos días en Colombia, quiero recomendar un libro que encaja perfecto con el ambiente de libros, charlas, jornadas académicas y la cultura vibrante del mundo en nuestro territorio.
La primera cosa que me llamó la atención de este libro, es que la palabra más utilizada en sus 280 páginas es: música. La música cambió la vida de ese personaje principal, de ese personaje que no se creó, ni se ficcionó de más, pues tuvo la valentía no solo de vivir, sino de narrarlo para hacerlo eterno.
Este es un libro de memorias, música, medicina y locura, y además, un anecdotario violento, cargado de un grado de sinceridad que pocos se atreverían a revelar.
Cuenta la historia de vida de James Rhodes, un chico que nació en una familia judía de clase alta en St. John’s Wood, en el norte de Londres. Estudió en el Arnold House School, una escuela privada, una escuela que además le cambió la vida para siempre. Allí, su profesor de educación física, el señor Lee, lo violó y abusó de él durante años, en un cuarto solitario, mientras los demás niños seguían estudiando y los otros profesores seguían su labor de enseñanza. Esos momentos violentos y clandestinos, causaron un sin fin de traumas que Rhodes logró revelar solo hasta que cumplió 31 años.
Su vida no fue igual, se convirtió en un niño solitario, vacío, raro y sin futuro. Llegó la depresión, el alcohol, las drogas, las autolesiones, los intentos de suicidio y la soledad de los hospitales psiquiátricos.
Hasta que descubrió un casete con la genialidad de Bach y su vida cambió para siempre, pues además, nació el deseo de convertirse en músico, se volcó al piano y de ahí no quiso salir.
Se enamoró de un Steinway de cola, conoció a todos los compositores e intérpretes clásicos, se sumergió con poder en las historias dentro de composiciones de muerte y resiliencia como la Chacona, o en vidas tan complejas y hermosas como las de Beethoven, Schubert, Scriabin, Schumann, Ravel, Grigory Sokolov, y otros genios.
Por mi parte, gracias al libro, me interné en su vida, la sufrí, la musicalicé y la disfruté. Leer el libro fue una experiencia maravillosa de media noche, con los audífonos puestos, con un volumen considerable, y las orquestas sinfónicas llegando en forma de taquicardia al corazón, mientras disfrutaba las páginas con calma.
Nunca me había acercado a la música clásica con tanto vértigo. Creo que algo estaba guardado en mí y este libro pudo encontrarlo. Instrumental tiene más voces que cualquier banda sinfónica, está lleno de ellas. Voces de miedo, de pérdida, de soledad, muerte, pero también de valentía.
Pero más allá de hablar de sus traumas y de su vida peligrosamente solitaria, Rhodes habla todo el tiempo de música, de su poder, de su furia, de la manera en la que la escuchamos y de cómo podría ser un punto y a parte en nuestras vidas, y sobre todo, le hace una venia poética y musical a Bach, el músico que le salvó la vida y lo acercó a un concepto de amor tan parecido al sonido que para él fue perfecto.
Si quieren leer una buena historia musical esta puede ser una de ellas. Un buen libro y una gran apuesta de Rey Naranjo Editores, una editorial nacional independiente y cariñosa. Muy recomendada, pues con sus títulos, nos lleva historias inolvidables y frenéticamente poderosas hasta la mesita de noche.