Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Periodista y editor de textos
La semana pasada hice algunas apuntaciones sobre el lenguaje incluyente gracias al comentario al respecto de don Mario Velásquez Sierra. Quiero aquí dejar algunas precisiones y resumir, si es que se puede, mi intento de respuesta. Y les recuerdo que El género y la lengua, de Pedro Álvarez de Miranda, es un ensayo generoso sobre la materia, eso sí, muy conservador para mi gusto.
1. Es una realidad lingüística que los niños incluye a mujeres y hombres, y a todos, mientras que las niñas solo incluye a las mujeres. Y la expresión realidad lingüística no es un adorno. No, es un concepto fundamental, porque con él quiero decir que el idioma funciona así y que así está en el cerebro de los hablantes desde hace siglos. Entonces, si estoy en un salón y digo “Que salgan las niñas, por favor”, ningún hombre saldrá (esto tiene matices).
2. Esta realidad lingüística, como casi todas, por no decir que todas, no corresponde a un invento (como dice Álvarez de Miranda, el hablante no interviene), sino que el idioma así evolucionó, fruto de la voz del pueblo. Que esa voz sea propia de una estructura machista o patriarcal es otra cuestión, ajena para mis escasos conocimientos.
3. Los niños y las niñas es un desdoblamiento. Quiero tomar aquí las palabras de Álvarez de Miranda: “El desdoblamiento de los (dos) géneros gramaticales (...) ni tiene por qué estar vedado ni tiene por qué ser sistemático”. Esta postura es liberal, por cierto, y quiere decir que nadie puede prohibirlo ni tampoco obligarlo. El hablante es dios de su lengua.
4. Este desdoblamiento atenta contra la economía del lenguaje. A los periodistas nos enseñan a no decir en dos palabras lo que podemos decir con una. Yo no soy especialmente fan de ese equipo, es decir, no creo en la economía por la economía, pero sí es cierto, y esto me consta como editor, que un texto lleno de desdoblamientos sería extremadamente extenso. Esto podrá ser un pecado contra el lector y el texto, pero no un error gramatical. He editado muchos libros para, por ejemplo, fundaciones de cualquier índole e intereses que desean plasmar la inclusión en su libro, pero nunca nadie me ha pedido que use el desdoblamiento en todos los casos: me piden que lo mantenga y lo vigile; en un párrafo sí, en el otro no; en una página sí, en la otra no. Porque la realidad siempre vence a la postura ideológica.
5. A mí sí me parece un grave error del idioma, un grave defecto, mejor, el uso del masculino como género no marcado. Es decir, que “Los niños deben salir” tenga la fuerza para incluir a ambos. Aunque realmente el defecto está en la ausencia de un género neutro. En “Yo se lo di”, ese lo es neutro, pero son restos de la neutralidad. No hay un pronombre entre ella y él. En el viejo griego, los nombres de los árboles son femeninos, porque generan vida (qué hermosura), mientras los frutos, entendidos como objetos, son neutros. Esto lo cuenta Andrea Marcolongo en La lengua de los dioses.
Juan David Villa
Editor y periodista preguntasortografía@gmail.com