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Manchar la verdad, Nuremberg, de James Vanderbilt

hace 13 horas
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  • Manchar la verdad, Nuremberg, de James Vanderbilt
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Uno de los comentarios más reveladores de un sesgo que casi todos los espectadores tenemos, unos más que otros, se dio mucho en los recientes premios Óscar. Si en alguna conversación recordabas las 16 nominaciones de Sinners y luego decías que había grandes posibilidades de que se llevara el premio a Mejor Película, con seguridad alguien se indignaba porque “cómo va a ganar el premio mayor una película de vampiros”. Porque el sesgo del que hablamos es el de confundir la calidad de una película con la importancia del tema que trata. Para que no peleemos de nuevo por Moonlight y su injusta victoria sobre La la land, se me ocurre un ejemplo más reciente: Green book no era mejor que Roma, de Alfonso Cuarón, pero hizo su campaña promocional alabando la forma en que señalaba al racismo como un pecado de la identidad estadounidense, mientras que Roma se promocionó como los recuerdos de infancia del director mexicano. Ya saben cuál ganó.

Lo mismo ocurre ahora con Nuremberg, de James Vanderbilt, que se escuda en la importancia del hecho histórico que retrata —el juicio realizado por una corte trasnacional a los máximos dirigentes nazis capturados tras el final de los combates de la Segunda Guerra Mundial— para vendernos como valioso un guion mal construido, que confunde el tono varias veces, sin decidirse por ser “simpático” o serio y al que le habría venido mejor el formato de miniserie. Porque si ya era complejo que el hilo narrativo central fuera la relación entre el siquiatra Douglas Kelley y Hermann Göring, desarrollada a través de las entrevistas que el primero tuvo que hacer para revisar el estado mental y analizar las personalidades de los líderes del bando alemán, relegar a un segundo plano la historia del juez Robert Jackson, quien llevó a cabo el interrogatorio representando a la justicia estadounidense, termina generando en el espectador esa pregunta que aniquila cualquier trama: ¿pero por qué no es esto lo que nos cuentan con detalle?

Se equivocó gravemente el equipo de casting, pues la mirada huidiza de Rami Malek no funciona para un personaje que tendría que parecer al menos más astuto que Göring. Y si el Mariscal nazi está interpretado por un actor de los kilates de Russell Crowe, lo que queda son unas secuencias donde Crowe se “come” a su interlocutor sin apenas esfuerzo. Al caerse la credibilidad de lo que nos cuentan, pocos llegarán bien dispuestos al momento que realmente vale la pena de la cinta, una parte del juicio a la que Michael Shannon y Richard E. Grant sí saben darle la dignidad que se merece y en el que vemos fragmentos de las imágenes reales que fueron mostradas en Nuremberg por primera vez ante la opinión pública. El horror que allí se muestra merecía un guion que no intentara burlarse de los nazis mostrando sus respuestas ante el test de Rorschach. Porque el verdadero problema del sesgo del que hablamos en el primer párrafo es que la sociedad termina creyendo que se vale decir cualquier pendejada si “aparenta” ser trascendental. Y así nos va.

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