Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
A estas alturas (y a las alturas a las que asciende en esta película estrenada el viernes pasado en Netflix) Charlize Theron no tiene nada que probar: es una de las mejores actrices de cine en ejercicio (hay una generación que no la vio ganar el Óscar a mejor actriz protagónica por “Monster” hace 22 años), que, como Tom Cruise entre los intérpretes masculinos, decidió además hace un par de décadas que también quería ser una estrella del cine de acción. O más que del cine de acción, porque su talento se ha paseado por todos los géneros, del cine físico; del que necesita, para ir más allá de lo correcto, un compromiso de sus protagonistas con el trabajo que en producciones más estándar realizan casi siempre los dobles de acción.
“Apex”, del islandés Baltazar Kormákur, veterano ya en hacer este tipo de cine en Hollywood, y con una carrera muy desigual en sus objetivos dramáticos, pero siempre cumplidora en términos técnicos, consigue sacarle partido a otra de sus habilidades: que el paisaje haga parte de la trama. En este caso el escenario geográfico es un parque natural australiano al que llega Sasha, el personaje de Theron, con el propósito de cumplir los deseos de su pareja, a quien conocemos en una introducción más efectista que necesaria. Que alce la mano el que no sepa a los dos segundos de ver a Sasha y a su marido Tommy lo que va a pasar. Sin embargo, el episodio logra darle un piso narrativo a la personalidad de Sasha: esta no es una superheroína inmortal, o una despiadada guerrera del camino, como ha construido Theron en “La vieja guardia” o en “Mad Max: Fury Road”. Esta es una mujer determinada y voluntariosa, que o se va a dejar del mundo, pero que todavía tiene muchas cimas por alcanzar.
Lo que en realidad hace de “Apex” una película más allá de la media es que Theron tiene a otro actor extraordinario enfrentándosele. Taron Egerton, que debió llevarse por “Rocketman” y su encarnación intachable de Elton John las glorias que se llevaron otros por trabajos menos logrados (perdónanos, Freddie Mercury, dondequiera que estés), es acá un personaje complejo y desequilibrado, a pesar de no tener mucho guion de donde pegarse, y que es la fuerza oscura que intentará acabar con la luz que proyecta Sasha. Lo que hace con la imitación de sonidos de pájaros o sus gestos en las secuencias en que ambos están encadenados entre sí, muestran a un profesional que debería ser villano muy pronto en la próxima película de James Bond. Puede que el giro que se inventa Jeremy Robbins, el guionista, sea escabroso, pero consigue su objetivo: alimentar la batalla entre estas dos fieras actorales, que nos entretienen con la falta de esfuerzo que sólo tienen los más talentosos.
El aspecto menos logrado de “Apex” es la partitura de Högni Egilsson, que se equivoca notablemente en varios momentos, confundiendo velocidad con intensidad, y haciendo un trabajo anodino y plano, que no se compadece con la mirada de Egerton y de Theron, cuál de ellas más temible.