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Juan David Villa

Periodista y editor de textos

Ortografía para todos: en el Día del Idioma. Sobre el idioma y la palabra

hace 10 horas
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  • Ortografía para todos: en el Día del Idioma. Sobre el idioma y la palabra

Tan divino es el don de la palabra que aún ignoramos, o no sabemos con certeza, cómo nuestra especie pudo desarrollar esta capacidad de comunicarse por medio de una cadena de símbolos. Pensemos, por favor, en lo indeciblemente complejo que resulta ser un idioma, ¿lo han pensado? Podemos entendernos, nombrar las cosas del universo y, ojo, compartir aquello que pensamos, que de otra manera nunca saldría tan diáfanamente de nosotros mismos, con esa cadena de símbolos tan berracamente elaborada. Seguramente por eso la palabra fue primero, recordaba Carlos Fuentes: “... es el origen de todas las cosas —fue lo que realmente dijo—: primero fue el Verbo, dicen por igual la Biblia hebrea y el Popol vuh maya”. Esto lo escribió el maestro Fuentes en el prólogo de una maravilla titulada Cinco mil años de palabras, de Carlos Prieto (2018). En el siglo IX, tan importante en la historia de la conformación de nuestro idioma castellano, Juan Escoto Eriúgena, filósofo irlandés, partiendo de esa idea del evangelista san Juan según la cual la palabra se hizo hombre, es decir, lo trascendente se hizo realidad concreta, bellamente aseveró que en todas las lenguas se manifiesta aquel Verbo anterior. “El Verbo infunde sus palabras al hombre”. Fue san Juan quien escribió, al inicio de su Evangelio, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios”.

No olvidemos nunca que el mundo era tan reciente en los primeros días de Macondo que las cosas carecían de nombre y la gente las señalaba con el dedo para mencionarlas. Una época hubo, miles de años ha, en la que a nuestros ancestros les faltaban palabras para nombrar las cosas de su mundo, porque trecho hay desde esa virtud natural del hombre hasta la palabra. Primero hubo gemidos, gritos, balbuceos, gente como la de Macondo en sus primeros días señalando las cosas con el dedo. Déjenme citar otro fragmento de allí, del mismo prólogo: “El mundo es obra de la Providencia, pero la Historia es obra de los hombres y lo primero que crea la humanidad histórica es un lenguaje”.

Tan inescrutable ha sido el misterio de nuestro lenguaje que el faraón egipcio Psamético I, hace, pongamos, 2600 años, emprendió la empresa de buscar la primera lengua. Entonces, ordenó separar a dos bebés de sus respectivas familias y se los entregó a un pastor. Le dijo: “Mano, me anota las primeras palabras que digan”. Porque el pastor debía aislar a los pelaítos para que no se contaminaran de lengua alguna, como dos animalitos. Pues resulta que ambos dijeron becos, que significa pan en frigio, una lengua muy pero muy vieja, y más muerta que mi papito. Ante este hallazgo, los sabios egipcios no tuvieron dudas de que aquella era la lengua primigenia de la humanidad toda. Este cuento lo contó Heródoto, y pueden leerlo mejor en Universales del lenguaje y linguo-diversidad, de Teresa Moure.

La especie, otros dicen subespecie, Homo sapiens, que es lo que somos, es la única capaz de comunicarse mediante esa cadena de símbolos que es el lenguaje articulado.

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Juan David Villa

Periodista y editor de textos

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