<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Columnistas | PUBLICADO EL 15 enero 2022

¿Venceremos al coronavirus con “refuerzos eternos”?

Por Apoorva Mandavilli redaccion@elcolombiano.com.co

Por Apoorva Mandavilli

redaccion@elcolombiano.com.co

Ahora, ante la variante ómicron, extraordinariamente contagiosa, Israel ha empezado a ofrecer una cuarta dosis a algunos grupos de alto riesgo. El estatus de vacunación será ahora “al día”, o no, en lugar de dosis completa. No es de extrañar que muchos estadounidenses se pregunten: ¿dónde acaba esto?, ¿debemos arremangarnos para recibir vacunas de refuerzo cada pocos meses?

Aleccionados en repetidas ocasiones por un virus que ha desafiado las expectativas, los científicos se resisten a predecir el futuro. Pero algunos afirman que, pase lo que pase, tratar de que toda la población se aplique dosis de refuerzo de nuevo después de algunos meses no es realista. Tampoco tiene mucho sentido desde el punto de vista científico.

“No es una locura eso de administrar vacunas de forma periódica, pero creo que hay mejores formas que aplicar refuerzos cada seis meses”, dijo Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale.

Para empezar, convencer a la población de que acuda a hacer filas para recibir dosis de refuerzo después de algunos meses es una propuesta fallida.

Además, igual de importante es el hecho de que no existen datos que respalden la efectividad de una cuarta dosis de las vacunas actuales (el cálculo es diferente para las personas con un sistema inmunitario comprometido, quienes sí podrían beneficiarse de una cuarta dosis).

No cabe duda de que las vacunas de refuerzo aumentan los niveles de anticuerpos y ayudan a prevenir la infección y, en consecuencia, pueden aliviar la presión sobre el sistema de salud al frenar temporalmente la propagación del virus. Pero el refuerzo de la inmunidad es transitorio.

“No tiene sentido seguir reforzando contra una variante que ya se desvaneció”, dijo Ali Ellebedy, inmunólogo de la Universidad de Washington, campus San Luis. “Si te vas a aplicar una dosis adicional después de tres, yo sin duda esperaría a una especializada en la variante ómicron”.

Si el objetivo es reforzar la inmunidad contra la ómicron o variantes futuras, los expertos afirman que existen otras tácticas que serían más efectivas que aplicarse continuamente dosis de refuerzo de una vacuna diseñada para reconocer el virus original.

Algunos equipos de investigación están desarrollando una vacuna apodada “pancoronavirus”, diseñada para atacar partes del virus que no cambian o lo hacen de forma muy lenta.

Las vacunas actuales podrían combinarse con refuerzos de vacunas nasales u orales, que son más efectivas en la prevención de infecciones porque recubren la nariz y otras superficies mucosas —los puntos de entrada del virus— con anticuerpos.

Además, el simple hecho de permitir que pase más tiempo entre las dosis de la vacuna también podría fortalecer la inmunidad. Esta es una lección que los científicos aprendieron en diversas luchas contra otros patógenos.

Muchos científicos apoyan ahora una tercera dosis. Pero ven poca utilidad en seguir el camino de Israel y desplegar una cuarta, argumentando que otras partes del sistema inmunitario —como los linfocitos T y los linfocitos B— se mantienen firmes contra el virus después de tres dosis, y quizás incluso después de dos.

Si bien estas células inmunitarias no pueden prevenir la infección, sí alivian la gravedad de los síntomas y mantienen bajas las hospitalizaciones.

Por lo general, a las personas se les recomienda vacunarse contra la influenza justo antes de que el virus comience a circular durante el invierno. Si el coronavirus termina asentándose en un patrón estacional similar al de una gripe, algo bastante posible, podríamos imaginar un escenario en el que simplemente apliquemos refuerzos antes del invierno cada año.

Algunos expertos han expresado su preocupación de que recibir refuerzos con demasiada frecuencia —como lo hacen algunas personas por su propia cuenta— podría incluso llegar a ser perjudicial.

La rápida evolución del virus se produce en gran parte porque tiene acceso a un gran número de huéspedes humanos. Si los casos siguen acumulándose al ritmo actual, o algo parecido, el virus puede seguir acumulando cambios importantes, lo que significa que las vacunas podrían tener que actualizarse periódicamente.

Pero si la pandemia se ralentiza en la mayor parte del mundo, puede limitar las oportunidades de que el virus surja en una forma radicalmente diferente.

Los estadounidenses también estarían mejor servidos si adoptaran estrategias distintas a las vacunas para controlar la propagación del virus, dijeron algunos expertos.

Si volvemos a la situación anterior a la pandemia y no realizamos ningún tipo de cambio duradero en las escuelas, los niños podrían provocar proporcionalmente una gran cantidad de transmisiones.

Para que Estados Unidos adopte cualquier estrategia, ya sean refuerzos periódicos u otros enfoques, el gobierno debe definir primero lo que está tratando de lograr, dijeron los expertos.

“Vamos rápido a algún sitio, pero no sabemos a dónde”, dijo Natalie Dean, bioestadística de la Universidad de Emory en Atlanta. “Sea cual sea el futuro, hay que tener claro cuál es el objetivo” 

.