Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Por Juliana Velásquez Rodríguez* - opinion@elcolombiano.com.co
Este 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de los Derechos de la Mujer, una fecha que nació de las luchas de las trabajadoras por derechos laborales, participación política y condiciones dignas, reconocida por la ONU desde 1975. Este año, además, coincidió con la primera jornada electoral del calendario político: Congreso y consultas.
En Colombia, más del 50% del censo electoral, 21 millones de mujeres, estuvimos habilitadas para votar. Día de la mujer y elecciones. Una coincidencia que parece recordarnos algo esencial: la democracia también es una historia escrita por mujeres.
En esta jornada electoral, el 40% de las candidaturas estuvo encabezado por mujeres. Aún esperamos los resultados definitivos, pero la tendencia es clara. Si comparamos las cifras de mujeres elegidas al Congreso en 2018 con las de 2022, el avance es evidente: pasamos del 18% al 29% de representación.
Es progreso. Pero todavía estamos lejos de algo elemental: que la democracia refleje la realidad de su sociedad. Las mujeres somos el 51% de la población colombiana.
La política no ha sido históricamente un espacio fácil para las mujeres. Durante décadas fuimos ciudadanas sin voto, líderes sin micrófono o gestoras invisibles de causas públicas. Pero cada generación fue empujando un poco más esa puerta.
Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y más recientemente Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos lo dijo con claridad: “Cuando una mujer entra en política, cambia la mujer. Cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política.” Y la historia parece darle la razón.
Porque las mujeres no solo participamos en democracia: la sostenemos. Votamos más, participamos más en organizaciones sociales y somos, muchas veces, quienes defendemos la institucionalidad cuando esta se ve amenazada. La democracia no puede sobrevivir sin participación. Y esa participación tiene hoy rostro de mujer.
Las mujeres decidimos. Somos mayoría en el censo electoral y, por tanto, una fuerza capaz de moldear el rumbo del país. La palabra democracia es, de hecho, un sustantivo femenino. Quizás no sea una coincidencia lingüística sino una intuición histórica: la democracia prospera cuando las mujeres participan plenamente en ella.
Colombia enfrenta enormes desafíos: desigualdad, violencia, fragilidad institucional. En ese contexto, el liderazgo de las mujeres no es una cuota simbólica ni una concesión de la política. Es una necesidad democrática.
La palabra “Democracia” es un sustantivo femenino, que sea, entonces, una invitación a nosotras, las mujeres, a asumir con conciencia y responsabilidad nuestro poder en cada elección.
Porque las democracias se fortalecen cuando se parecen más a su sociedad. Y Colombia, simple y llanamente, es un país de mujeres. Que esta coincidencia sea, también, un momento de extraordinaria conciencia.
*Presidenta ejecutiva Proantioquia.