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Columnistas | PUBLICADO EL 02 abril 2019

¿Usted está “señalando virtud?”

Por Jillian Jordan y David Rand

redaccion@elcolombiano.com.co

Las expresiones de indignación moral están desempeñando un papel destacado en los debates contemporáneos sobre temas como el asalto sexual, la inmigración y la brutalidad policial. En respuesta, ha habido críticas contra las expresiones de indignación como meras “señales de virtud”: la superioridad moral fingida que pretende hacer que el orador parezca superior al condenar a otros.

Claramente, existe la superioridad moral fingida. Todos podemos pensar en casos donde las personas simularon o exageraron sentimientos de indignación porque tenían una razón estratégica para hacerlo. Los políticos en la campaña electoral, por ejemplo, son infractores frecuentes. Por tanto, puede parecer razonable preguntar, siempre que alguien esté expresando indignación: “¿Está realmente indignada o es solo una señal de virtud?”. En muchos casos la pregunta es errónea, ya que la respuesta suele ser “ambas cosas”.

Puede que usted aún no se dé cuenta, pero distinguir entre expresiones de indignación genuinas y estratégicas adopta una teoría científica particular: específicamente, que hay dos sistemas sicológicos separables que moldean expresiones de indignación moral. Uno es un sistema “genuino” que evalúa una transgresión con base en nuestros valores morales y determina qué nivel de indignación realmente sentimos. El otro es un sistema “estratégico” que evalúa nuestro contexto social y determina qué nivel de indignación se verá mejor ante los ojos de los demás. Expresiones auténticas de indignación involucran solo al primer sistema, mientras que las señales de virtud involucran el segundo. En un artículo publicado en The Journal of Personality and Social Psychology, mostramos que incluso cuando las personas no son observadas, y por lo tanto no tienen ningún incentivo para señalar su virtud, su sentido de indignación moral está influido por su deseo de ser vistos positivamente por otros.

En experimentos presentamos a participantes con un acto de comportamiento egoísta, en el que a una persona se le dio la oportunidad de dividir una suma de dinero con otra persona pero decidió quedarse con la suma completa él mismo. Luego solicitamos a los participantes que calificaran su nivel de indignación hacia la persona egoísta. Esto sucedió en un ambiente anónimo en línea, para que nadie, ni siquiera nosotros, los investigadores, pudiéramos ligar las respuestas de los sujetos a sus identidades. Pero antes de solicitar a nuestros sujetos que calificaran su nivel de indignación hacia la persona egoísta, le pedimos a la mitad de ellos que completaran otra tarea: les dimos una suma de dinero y la oportunidad de compartirla con un desconocido no identificado. Algunos compartieron, otros no.

Lo que encontramos puede parecerle peculiar. Cuando nuestros participantes calificaron su grado de indignación moral hacia la persona egoísta, aquellos a los que no se les había dado la oportunidad de compartir dinero con otra persona reportaron sentir más indignación moral que aquellos a quienes se les había dado esa oportunidad.

A primera vista, esto puede parecer extraño. ¿Por qué tener la oportunidad de actuar moralmente en un entorno influye en su nivel de indignación moral en otro, en especial cuando su identidad es secreta todo el tiempo? Nuestros datos respaldan la siguiente explicación: Las personas tienen un deseo subconsciente de señalar su virtud. Incluso en privado, las personas se preguntan implícitamente: “Si me observaran, ¿qué tan bien me vería?”.

Considere a los participantes que tuvieron la oportunidad de actuar moralmente compartiendo dinero. Si hubieran sido observados, su elección habría servido como una señal poderosa de su virtud (o falta de ella). Y como resultado, el valor de expresar indignación como una señal de virtud disminuiría. Después de todo, si un participante eligiera compartir, se vería virtuoso independiente de la indignación que expresara después hacia la persona egoísta. (Y si ella eligiera no compartir, se vería deshonrosa sin importar cuánta indignación expresara luego.

En contraste, los participantes a los que no se les dio la oportunidad de compartir dinero no tenían manera de señalar su virtud a un observador hipotético además de enojarse. Entonces, aunque nadie los estaba mirando, tenían una motivación subconsciente más fuerte para expresar su indignación y, según descubrimos, informaron sentirse mucho más indignados. Lo que nuestros hallazgos muestran es que preguntar si la indignación es “pura” es la pregunta incorrecta. Incluso la indignación auténtica está influenciada por cálculos estratégicos implícitos.

Si quiere más información:

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