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Un mundo sin bibliotecas

Políticos, activistas de ultraderecha y grandes corporaciones editoriales se están quedando con el control de lo que podemos o no leer en detrimento de todos esos lectores que acuden a las bibliotecas públicas para tomar libros prestados.

15 de octubre de 2023
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  • Un mundo sin bibliotecas

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

En uno de esos actos contradictorios que nos definen como sociedad creamos instituciones magníficas que prestan un servicio invaluable a la comunidad y con el paso del tiempo dejamos que desaparezcan o nos las borren. El sistema de bibliotecas públicas de Estados Unidos, antaño modelo para el mundo por sus ideas sobre el derecho de todos los seres humanos al libre acceso a la información, está siendo atacado desde distintos flancos que buscan su desaparición.

Políticos, activistas de ultraderecha y grandes corporaciones editoriales se están quedando con el control de lo que podemos o no leer en detrimento de todos esos lectores que acuden a las bibliotecas públicas para tomar libros prestados. Y esa gran conquista de mitad del siglo XX, esa red de bibliotecas públicas que se emuló en tantos países, agoniza.

A las bibliotecas públicas estadounidenses les cortan el presupuesto, les imponen sobrecostos en los textos digitales y hasta las demandan para que no puedan seguir prestando e-books (libros electrónicos) al convertir ese derecho en una actividad ilegal. Les dan licencias temporales restrictivas y los obligan a pagar suscripciones como si se tratara de cualquier plataforma digital tipo Netflix o HBO. Mención aparte de la cantidad de libros que están prohibiendo en ese país en un absurdo salto hacia atrás que llega hasta la Edad Media, cuando la cultura retrocedió y tuvo que buscar refugio en monasterios y escritorios catedralicios que los custodiaron.

En un breve repaso de lo que han sido las bibliotecas a lo largo de los siglos, se ve claramente que la primera de ellas fue fundada en Roma por Asinio Polión, y su gran tesoro eran las secciones griegas y romanas; en la Baja Edad Media surgen las universidades, y con ellas se da más acceso a los libros; la edad Moderna privilegia las bibliotecas Reales y las de la alta nobleza y en el siglo XVII se crean grandes bibliotecas eruditas como la Bodleiana en Oxford, la Ambrosiana en Milán o la Mazarina en París. Pero el deseo de acercar la cultura a toda la sociedad no consiguió hacerse realidad hasta mediados del siglo XIX, con la aparición en el mundo anglosajón de la biblioteca pública, (public library).

Lo que en su momento quiso defender Benjamin Franklin, editor e impresor, al crear la primera biblioteca que diseminara el conocimiento ampliamente, ahora es considerado por muchos editores contemporáneos como un competidor directo de su negocio. Así que han decidido retirar de las bibliotecas públicas sus libros digitales sin el consentimiento de los bibliotecarios. Y aquello que antes se hacía con total privacidad, solicitar un libro en préstamo, se volvió imposible porque editores, distribuidores y vendedores de e-book se quedan con sus datos para luego venderlos o compartirlos con anunciantes, autoridades, dueños de viviendas que se alquilan y hasta agentes de inmigración.

Hay una frase tallada en piedra en la biblioteca pública de Pittsburgh que resume el espíritu de este tipo de instituciones: “Libertad para el pueblo”. Hacer los libros accesibles a todo aquel que tiene la curiosidad suficiente para leer no se puede convertir en uno de tantos derechos que se nos van desvaneciendo.

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