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Columnistas | PUBLICADO EL 22 septiembre 2021

Sin dados cargados

Por ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZredaccion@elcolombiano.com.co

En fecha reciente conversábamos largamente con el expresidente Álvaro Uribe en su casa campestre de Rionegro. Recibió a un pequeño grupo de amigos para comentar y analizar acciones de país. Variados temas, entre ellos literatura bolivariana, como abrebocas, se abordaron en una charla informal y honesta.

Hablamos con sinceridad y libertad, atributos que tanto a él como a nosotros nos gustan. Expusimos criterios y propuestas. Planteamos dudas. Todo dentro de los términos del afecto y el respeto que guardamos por un mandatario que hizo viable la existencia de Nación cuando pocos apostaban por la recuperación del orden en libertad y democracia. Temas políticos, de contenido social, fueron desgranándose al calor de una taza de café, apurada con buenas dosis de anécdotas e historias.

Uno de los temas que le planteamos a Uribe fue el de las elecciones del próximo 5 de diciembre para elegir consejos municipales y locales de juventud. Once millones de jóvenes, entre 14 y 28 años, están habilitados para escoger once mil consejeros locales de juventud. Es un campanazo para alertar a los partidos colombianos, fatigados y embozalados, para que despierten, porque, de lo contrario, se los podrían llevar de calle nuevas corrientes de opinión.

Ese mecanismo de participación puede remozar, refrescar y construir, si se sabe aprovechar como oportunidad de iniciar cambios, un país de políticas anacrónicas y paralizantes. Uribe Vélez compartía esta apreciación. Y, más aún, se mostraba preocupado por cierta modorra en la que estaba su colectividad para asumir tal desafío. Sabía que el mercado de la competencia era amplio y exigente, ya que la inscripción de listas es a nombre no solo de los partidos, sino también de juntas de acción comunal y población LGBTI, algo impensable hasta hace poco en la competencia electoral, ahora con reconocimiento pleno a los derechos de todos los colombianos, sin excepción alguna.

Si la juventud participa con entusiasmo y convicción, la cara política del país podría iniciar un cambio drástico. Esa jornada sería la antesala de lo que sucedería en las elecciones presidenciales. La juventud está desencantada de los partidos tradicionales, en los que no ha encontrado respuestas adecuadas para sus aspiraciones y urgencias cotidianas. Es la ocasión, si concurre con entusiasmo a las urnas, de que sus sueños y deseos para hacer un país más incluyente se vayan dando. Es una juventud hastiada de tantas corruptelas, escándalos y compadrazgos inmorales. Y espera que el 5 de diciembre pueda iniciar en el país político un cambio de mentalidad que, con el tiempo, vaya reemplazando las prácticas mafiosas y los resabios de unos caciques electorales de los que aún sobreviven y vegetan en la política colombiana.

Álvaro Uribe, en esta charla afectuosa con amigos que utilizamos la franqueza en vez de la zalamería, estuvo receptivo. Y compartió nuestra percepción de que en manos de la juventud se encuentra buena parte de la responsabilidad para construir futuro de nación, que no puede continuar jugando la suerte del país con dados cargados activados por politiqueros de profesión

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