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Lo que nadie mide, es que esta moñona, alguien la tiene que pagar. Y son precisamente los afiliados al sistema de pensiones.
Por José Manuel Restrepo Abondano* - Jrestrep@gmail.com
Dicen los billaristas que cuidado con los jugadores proclives al riesgo cuando van perdiendo. Ellos suelen jugar en la idea del todo, por el todo sin pensar en lo que sigue. Eso pasa hoy con la política económica del gobierno.
Su actitud de desespero huele a metros. Por ejemplo, cuando suspendieron, sin argumento alguno, la regla fiscal, y con ello eliminaron cualquier límite en déficit y deuda pública. ¡La real feria del derroche!!. Pero también cuando multiplicaron hasta por tres veces el pago de retención en la fuente del impuesto de renta de 2026 en 2025, solucionando el lío de caja del año pasado, pero drenándole el 2026 al siguiente gobierno.
Ahora, lo repiten ante la obvia caída de la ley de financiamiento, con una ley de emergencia económica que puede durar lo que dura un dulce en un jardín infantil. ¡A todas luces es inexequible!!
Pero la jugada que sigue es más desesperada. Van por el ahorro pensional. Según lo que se ha anunciado, incluso con renuncias masivas y responsables de por medio, en la URF (ente reconocido por su rigor técnico en Hacienda), se está cocinando un borrador de decreto que, con razones ideológicas, pretende que los Fondos Privados de Pensiones no puedan seguir mejorando la rentabilidad de nuestro ahorro pensional y diversificándolo en parte con inversiones en el exterior, y “a la carrera” pretenden obligarlos a vender inversiones rentables, perdiéndole dinero (nuestro dinero), “y voilá” traerse a Colombia más de 140 billones de pesos.
Esta moñona maestra, pero del mal, parece sexy. En medio de una eventual incertidumbre de la misma, podría incentivar o acelerar el traslado de afiliados desde el régimen de ahorro individual a Colpensiones. El resultado significa menos transferencias del presupuesto para pagar pensiones actuales. Con ello el déficit observado baja y en la práctica logran una reforma tributaria encubierta sin pasar por el congreso.
A eso se suma la segunda banda de la carambola. Esos 140 billones adicionales, significan más espacio para colocar TES y eventualmente bajar el costo de dicha deuda pública por el exceso de oferta. Si además hay repatriación de inversiones del exterior, llega la revaluación, baja la inflación importada y eventualmente se reduce el monto de la deuda. Qué delicia de jugada. Es moñona fiscal, monetaria y cambiaria.
Lo que nadie mide, es que esta moñona, alguien la tiene que pagar. Y son precisamente los afiliados al sistema de pensiones. Esto va a significar riesgos de liquidez y de mercado, que reducirán la rentabilidad de nuestro ahorro pensional (en una especie de un impuesto a nuestras pensiones). Piénselo así: al vender a la carrera inversiones en el exterior tienen que hacerlo perdiéndole dinero, al nacionalizar esas divisas viene el segundo costo por una eventual revaluación de la moneda (menos pesos por cada dólar) y luego llegar acá a comprar proyectos de inversión caros, porque ni siquiera existen. Una moñona que empobrece triplemente nuestros ahorros pensionales, afectando en especial a los más jóvenes.
No hay nada peor que un bobo con iniciativa. Más aún cuando anda desesperado buscando plata. Colombia necesita decisiones basadas en el rigor técnico, y no una peligrosa jugada de billar.
*Rector Universidad EIA