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Columnistas | PUBLICADO EL 11 febrero 2022

Que las bibliotecas sepan

Que las bibliotecas sepan
Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com
Infográfico

Hace poco, me escribió Luis Gerardo, un venezolano de Maracaibo, residente en Medellín desde hace tres años. Comparto algunas cosas que me contó y que las bibliotecas públicas deben saber porque, en esa medida, estarán a la altura de quienes llegan a ellas para salvarse, para sentir que la vida, en tierras nuevas, se puede cargar de sentido.

Luis me decía que “si los libros son guardianes de la historia, salvación para muchos y generadores de esperanza, no hay entonces labor más loable que hablar de libros y recomendarlos con pasión e inteligencia. Para un migrante comprar libros no es tarea fácil, la búsqueda del pan pospone muchas veces la compra de un buen libro; afortunadamente, Medellín cuenta con una buena red de bibliotecas para mitigar las carencias”.

Luego me confesaba que su amor por los libros no era herencia familiar, sus padres no eran lectores, pero le inculcaron la importancia del estudio. “Ahora bien, mis padres tenían la maravillosa costumbre de comprar la prensa diariamente y yo desde los siete años soy un fanático de leerla, estoy convencido de que la prensa es una fuente de conocimiento y una manera fantástica de abrirse al mundo”. Al cabo de algunos años, se encontró con “el Gabo” y devoró todas sus obras, “fue maravilloso encontrar allí la voz de mi padre cuando me contaba sus historias de realismo mágico de su niñez y descubrí que, a pesar de no ser un lector, mi padre me introdujo sin pensarlo en la literatura del realismo mágico”.

Luis se hizo docente y trabajó por muchos años en una fundación parecida a lo que aquí conocemos como Bienestar Familiar. “Fue allí donde desarrollé mi programa de promoción de lectura ‘Leer está de moda’. Ese programa tenía como marco metodológico un texto de Paulo Freire que se llama ‘La importancia del acto de leer’, donde, entre otras cosas, Freire dice que antes de que los niños aprendan a leer y amar la lectura deben aprender a leer y amar sus entornos y todo lo que les rodea. Ese programa, que me daba alegría y plenitud a mi vida, se vio truncado cuando me vi en la penosa necesidad de huir de mi país a causa del hambre y de la falta de libertad. Gracias a la generosidad de un amigo llegué a Medellín. Lo que no sabía, ni podía imaginarme, es que la ciudad tuviera una red de bibliotecas públicas tan amplia, y esto se convirtió en mi salvación ante la depresión y la desesperanza por la falta de trabajo y por estar lejos de la patria”.

Actualmente, Luis trabaja en una empresa de textiles, pero lo que más quisiera es involucrarse en un espacio de promoción de lectura y del libro, así sea en calidad de voluntario, “aún sigo en la búsqueda de hacer lo que me place, que no es otra cosa que nadar en un mar de libros” 

Diego Aristizábal
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