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Columnistas | PUBLICADO EL 24 octubre 2021

Patriotismo solidario

Por Jorge Giraldo Ramírez
jorgegrld@gmail.com

Hace 25 años el economista y filósofo Philippe van Parijs formuló una serie de estrategias para afrontar los retos de la libertad y la igualdad en las sociedades capitalistas globalizadas. Una de ellas es el patriotismo solidario. ¿Por qué se necesitaría un patriotismo? ¿Por qué debería ser solidario?

Las fuerzas de la globalización ofrecen fuertes incentivos económicos para que el capital busque salarios precarios, impuestos bajos, menores restricciones de recursos; a los consumidores les permite más variedad en la oferta, precios baratos, ahorros más rentables. En un mercado global, el capital y el consumo se comportan de manera oportunista; no todos pueden hacerlo, pero los que pueden lo hacen. Las personas y organizaciones que actúan guiadas por el puro cálculo económico y el oportunismo subvierten el orden democrático y sus iniciativas sociales. Aquí deberían entrar en juego otro tipo de motivaciones: sentirse parte de una comunidad, compartir una historia y un futuro, contribuir a la construcción de una sociedad decente con instituciones decentes. A eso se le llama patriotismo.

Ese patriotismo es solidario porque hay variables políticas, éticas y sentimentales que deberían tenerse en cuenta para tomar las decisiones económicas. El patriotismo incluso puede justificarse desde una narrativa más materialista, como lo vio Alexis de Tocqueville en Estados Unidos: va en beneficio propio actuar en pro del interés de los demás. La forma tradicional de controlar estas tendencias, de carácter coactivo y meramente económico, es el proteccionismo, que beneficia al productor ineficiente con influencia política y castiga al consumidor y otros sectores económicos como el comercio o el trasporte internacional. Por ello, el proteccionismo no es patriótico como dicen nacionalistas y populistas.

Es patriotismo solidario invertir en la región en la que se vive (aunque los rendimientos sean menores), pagar los impuestos en el país del cual se hace parte (así sean mayores), fijar la residencia principal en el lugar de origen, hacer uso cotidiano de la lengua y los objetos culturales vernáculos, entre ellos las tradiciones y los ritos. Comprar a los productores locales, demandar los servicios que prestan los connacionales, animar las expresiones propias y apoyar el talento criollo, defender las instituciones que encarnan el esfuerzo de nuestra comunidad y que le devuelven a ella sus beneficios es patriotismo solidario.

La filantropía no tiene nada que ver con el patriotismo solidario. La filantropía es como mandar la limosna por correo sin creer en Dios ni participar en la Iglesia, porque la solidaridad se alimenta de lo que llamo “las prácticas de cercanía”. Las primeras preguntas que deben hacerse son si una institución fomenta los contactos personales entre diferentes, qué tantos proyectos colectivos entre distintos impulsa, qué tanto integra personal, social, territorial y simbólicamente.

Un detalle. El subtítulo del libro de Van Parijs es: “Qué puede justificar al capitalismo (si hay algo que pueda hacerlo)” 

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