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Se asimila cemento con desarrollo y modernidad, por eso se insiste en construir más y más grandes obras viales y aumentar los carriles para el menos amigable de los modos de transporte: el vehículo particular.
Unir los dos costados del río Aburrá es importante, por eso se justifica el nuevo puente en la Ayurá, pero no con la grandiosidad como se construyó y la enorme cifra invertida.
El ejemplo lo da Wellington, Nueva Zelanda: un nuevo y costoso programa de transporte de 6,4 billones dólares neozelandeses no incluye nuevos carriles para los autos, sí para bicicletas, peatones y transporte público.
A eso hay que apuntarle en Medellín y el Aburrá. No hay espacio, al menos en la zona central, para ampliar vías. Cuando se habla de las enormes dificultades de movilidad salen voces que proponen ampliar vías, una afirmación de poco peso que se cae por sí misma: ¿dónde ampliar, a qué costo y cómo evitar el atranque al final de la ampliación? Medellín es ciudad estrecha y frente a eso poco puede hacerse, salvo tumbar edificios y casas para que quepan más autos.
¿Segundos pisos de avenidas? Caeríamos en lo mismo: tacos al final y enormes costos, así se cobre peaje o se entreguen en concesión.
Me parece más sabio comenzar a invertir más fuertemente en transporte público, de todo tipo. Las líneas metro son necesarias, pero entre planeación, diseño, ejecución y operación pueden pasar hasta diez años, creándose un desfase en las necesidades. Hay que hacerlas, pero también darle duro a mejorar el transporte público, una tarea que todos los alcaldes han aplazado, acometiéndola a pedacitos con resultados regulares (y, ojo, que soy de los que piensa que el transporte de buses acá no es lo peor, como muchos dicen).
Acá, como en casi todo el mundo occidental, el auto es rey y pocos quieren dejar de usarlo. Una manera para disuadirlos sería un eficiente transporte de buses, taxis y sistemas masivos, frente a calles atiborradas de autos particulares al darles preferencia a aquellos.
No es sencillo tomar esa decisión, sabido que con demasiada frecuencia alcaldes y concejales sirven más a propósitos particulares y no al gran conjunto de ciudadanos.
Hasta ahora no hay asomos de restarle preponderancia al vehículo particular, tanto que los nuevos sistemas masivos se construyen ampliando las calles para que quepan más autos.
Difícil lograr así una Medellín sustentable, pese a anuncios rimbombantes de sus administradores.
La clave es el transporte público bueno y a eso hay que apuntarle, no a más pavimento.
Maullido: en Medellín también nos estamos quedando atrás en materia ambiental