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Columnistas | PUBLICADO EL 30 mayo 2021

Necesitamos más puentes

Por David Escobar Arango *david.escobar@comfama.com.co

Querido Gabriel,

Cuando estaba en el colegio nos contaban que Budapest era antes dos ciudades a ambos lados del río Danubio, Buda y Pest. Según mi profesora, en la mitad del siglo XIX se inauguró el Puente de las cadenas y se desató, en pocas décadas, la unión definitiva de Obuda, Buda y Pest en la ahora capital de Hungría. El puente no solo las conectó, sino que las transformó para siempre. Me perdonarás si conoces mejor esta historia que seguro es más compleja, solo te la cuento para ocuparnos del símbolo y hablar de la importancia de un puente construido oportunamente. ¿Conversamos acerca de puentes, mediadores y conectores en tiempos de división y separación?

“El sentido de un puente no es la conexión sino la transformación de ambos lados”, dice el antropólogo Carlos Rojas. La etimología de rival significa “aquel que vive en la otra orilla del río”. ¿Seremos muy ilusos al pensar que los puentes acercan y, con el tiempo y el uso, transforman de manera definitiva a los enemigos, a los rivales, a los opuestos?

No es nada fácil tender puentes en la era de la polarización y la desconfianza. El diálogo no despega, no logramos conectar los puntos del acertijo nacional. Es evidente que, por ahora, hay menos escucha y más discursos que construcción de un tercer término. Mientras, cada día que pasa hay más violencia, el conflicto social se escala y parece que podríamos caer de nuevo en el abismo.

Necesitamos una confianza mínima, esos serían los estribos del puente. Podríamos aprovechar a ciertas instituciones que aún la inspiran. Las Cajas de compensación, me atrevo a decirlo, hijas del diálogo social y punto de encuentro entre trabajadores y empresas con el único fin de crear valor social, pueden hacer su parte. Las universidades, por otro lado, lo dicen los estudios, emergen en este mar embravecido como islas de confianza. ¿Serán estas viejas y queridas instituciones los santuarios en los que podremos encontrarnos para sanar y enderezar el camino?

Desde luego, es necesaria gente “escuchosa”, como dice Catalina Mesa. Hombres y mujeres con la habilidad de Momo, el personaje del libro de Michael Ende, capaces de prestar atención, hacer sentir al otro escuchado y enseñarle a reconocer lo verdaderamente importante. Personas que busquen comprender sin juzgar, listas para tejer valores, intenciones y emociones comunes sin perder de vista las diferencias, los legítimos reclamos y los dolores sinceros.

Andrés Oppenheimer dijo hace unos días que el Gobierno debe buscar mediadores no gubernamentales “en los que confíen estos jóvenes”. Tal vez esta tarea no sea solo del Gobierno y tampoco se trate solamente de inspirar confianza a los jóvenes, sino a todos. Personas y entidades que no estén en un polo ni en el otro, con redes sociales abiertas y heterogéneas, líderes “multilingües”, con ideas pero sin ideas fijas, no-violentas hasta la médula, que comprendan el sentido de urgencia y sepan negociar más allá del regateo y los argumentos de poder, mediadores con brújula moral, sensibilidad social y pensamiento sistémico.

Pienso de nuevo en las universidades y veo caras de rectoras, rectores, decanos y profesores. Claudia, Alejandro, Dolly, Adolfo, Francisco, Federico, John Jairo, Brigitte y los demás, lideren ustedes, por favor: ¡muchos los seguiremos! Hagamos una tertulia sobre los puentes humanos y las palabras que son puentes. Podemos comenzar con unos versos de Mario Benedetti, apenas para estos días oscuros: “ahí está el puente / para cruzarlo o para no cruzarlo / yo lo voy a cruzar / sin prevenciones / en la otra orilla alguien me espera / con un durazno y un país

* Director de Comfama

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