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Del referendo al plebiscito

Lo que el presidente está proponiendo es un referendo que se torna en plebiscito, pues quiere que el pueblo en plebiscito respalde sus iniciativas, legitime sus actuaciones y apruebe una constitución a su medida y conveniencia.

24 de mayo de 2024
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  • Del referendo al plebiscito
  • Del referendo al plebiscito

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

Primero expide decretos de emergencia, que fueron declarados inconstitucionales por la Corte Constitucional. Luego, acude al congreso, con resultados negativos por falta de apoyo político. Posteriormente plantea la posibilidad de una asamblea constituyente que convocaría, acudiendo a las bases populares, ignorando las exigencias formales y materiales que trae la Constitución. Ante las fuertes críticas formuladas por distintos sectores sobre ese posible “asalto” a la Carta, el presidente decide que el verdadero constituyente son los concejos municipales, lo que supone desconocer las regulaciones sobre el ejercicio de competencias. Este nuevo “asalto”, hace que plantee la posibilidad de realizar un referendo.

Olvidan los analistas que lo que el presidente está proponiendo es un referendo que se torna en plebiscito, pues lo que realmente quiere es que el pueblo en plebiscito respalde sus iniciativas, legitime sus actuaciones y apruebe una constitución a su medida y conveniencia.

El presidente sabe para donde va. No podemos ser tan ingenuos como para pensar que las diferentes propuestas, aparentemente contradictorias del primer mandatario, se originan en un discurso incoherente que se caracteriza por exceso de palabras, desconocimiento de la constitución y ausencia de un plan político debidamente preconcebido.

Colombia es una nación tradicionalmente democrática, construida sobre un modelo formal propio del estado social de derecho, en el que las ideas se construyen con base en consensos originados por el acuerdo entre los diferentes sectores sociales, en ejercicio de la unidad nacional.

El presidente, cuyo movimiento político original, participó de manera activa en la redacción del texto constitucional de 1991, parece considerar que el esquema institucional dispuesto por dicha Carta no responde a las necesidades que en su concepto son de la generalidad de la población, ni a las grandes reformas que en su criterio requiere el país, aunque de manera concreta no sabe cómo lograrlas, cuál es su costo social y mucho menos, sus efectos políticos y económicos.

Siguiendo una lógica, propia de los lideres con tendencias autoritarias y sentimientos mesiánicos, el presidente considera que es el depositario único y final de la verdad sobre el porvenir de la nación, de manera que sus ideas, por desordenadas e incoherentes que parezcan, deben ser tomadas en serio. Como buen representante del autoritarismo antidemocrático, el presidente descalifica la conducta de sus opositores, ignora la importancia de las instituciones y finalmente desacredita una constitución, que no duda de calificarla como un conjunto de formas que se oponen a su supuesto modelo de cambio.

En este orden de ideas, como siempre ha sucedido con los caudillos de izquierda o de derecha, él considera que la única forma de obtener el desarrollo “anhelado”, consiste en modificar la constitución, para transformarla en el instrumento adecuado para legitimar su acción de gobierno y quitarse los límites y contenciones propios del orden democrático.

Es evidente que utilizar la Constitución para desconocer la forma de ser y actuar de las instituciones constitucionales, es un contrasentido, razón por la cual construye un mensaje de acción por fuera de la Constitución.

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