Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
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Por Lewis Acuña - www.lewisacuña.com
—Acompáñenme a conocer este lugar que parece abandonado de la mano de Dios, donde solo hay pocas horas de energía eléctrica, carecen de centro comerciales y de los servicios mínimos de entretenimiento. Aquí no hay restaurantes y la gente hasta cocina siempre su propia comida, que unos días es pescado y otros también. Quédense hasta el final porque este video los hará reflexionar sobre el agradecimiento y la buena vida que muchas veces no valoramos— gritaba el joven influencer a la cámara que sostenía mientras avanzaba por el muelle principal del pueblito de pescadores al que recién llegaba.
El muelle era digno del lugar. No era ostentoso ni tenía un concepto artístico diferente al fin para el que fue levantado. Troncos y tablas humildes que se adentraban en el majestuoso río para que los pescadores pudieran embarcar y desembarcar sus nobles canoas. Muelle, canoas y casas hechas con la misma madera de los árboles en los que silbaba el viento en los atardeceres naranjas y que acogían a miles de pájaros que con sus trinos eran la banda sonora del tiempo.
La de los pájaros era la única red social en la que se trinaba. Los habitantes del puñado de hogares en la zona, la única comunidad que importaba. Era un pueblo de nicho. Allí había llegado el muchacho con su cámara para documentar las necesidades. El naranja del cielo estaba por aparecer y caminado por el muelle encontró en el borde sentado a un joven de su edad. Jugueteaba con sus pies en el agua, mirando los reflejos. Junto a él, un balde con un pescado.
Con la cámara en mano y sin bajar su tono alucinante, sorprendió al joven del pueblo para preguntarle si acaso era lo único que había podido pescar y lo único que podría comer. Qué él solo sabía de redes sociales, pero por qué no volvía a intentar lanzar la suya para capturar algo más. El joven solo levantó el rostro para sonreírle y decir que no tendría sentido porque ya tenía el que necesitaba y lanzar su atarraya significaría sacar muchos más innecesariamente.
Casi pegando su rostro y fijando su mirada en el lente, el influencer le dijo que entonces podría enseñarle su método de siete pasos para hacer un negocio escalable de cientos de miles de dólares y así alcanzar su libertad financiera. El joven pescador entrecerró los ojos, ladeó su cabeza y le preguntó que para qué eso.
Sin dudarlo le dijo que si invertía mucho esfuerzo podría comprar un gran bote con motor, podría sacar toneladas de pescados, transportarlos por el río, venderlos a otras empresas, reinvertir las ganancias, comprar mas barcos, conformar una flotilla y con los años, y mucho trabajo disciplinado, convertirse en un empresario multimillonario.
—¿Y después qué?— preguntó el chico del pueblo, que escuchó con toda la atención.
—Viene lo mejor —le responde sin dejar de mirar a la cámara— puedes simplemente sentarte tranquilo a contemplar atardeceres y escuchar pajaritos hasta que seas viejo, sin preocuparte por el dinero.