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Columnistas | PUBLICADO EL 01 abril 2019

¿LAS MUJERES PUEDEN SALVAR EL MUNDO?

Por Tina Brownredaccion@elcolombiano.com.co

Por Tina Brown

redaccion@elcolombiano.com.co

Ha sido otro inning malo para el liderazgo masculino. Además de la flatulencia cada hora de los tuiteos trumpianos y la incorporación de Jair Bolsonaro de Brasil a la confederación del poder de los matones, hemos recibido una segunda oleada de caos masculinos. Las reputaciones del propietario de los Patriots, Robert Kraft, R. Kelly, el filántropo Michael Steinhardt e incluso el santificado cofundador del Centro de Ley de Pobreza del Sur, Morris Dees, son los últimos en rodear el desagüe. Como Cornel West, de Harvard, observó recientemente a Anderson Cooper, “los hermanos están fuera de control”.

¿Las mujeres pueden salvar el mundo? Una musculosa Capitana Marvel nos puede rescatar de enemigos intergalácticos, pero aquí en el planeta Tierra un nuevo paradigma de liderazgo femenino está surgiendo. Hace un año, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Ardern era famosa por dar a luz mientras ocupaba su cargo. Luego vino la matanza en mezquitas de Christchurch y de la noche a la mañana las gravitas en su rostro angular debajo de un hijab se convirtieron en una imagen icónica de la humanidad global. A medida que las mujeres de Nueva Zelanda emularon su gesto de solidaridad al ponerse pañuelos en la cabeza, el mundo árabe tomó nota. Se proyectó un retrato de Ardern en el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa de Dubai, con la palabra “Paz” estampada en inglés y árabe.

Países desde Georgia hasta Etiopía recientemente eligieron a sus primeras mujeres presidentas. Las mujeres ahora lideran industrias donde en un entonces sólo lo hacían los hombres. Por primera vez, mujeres tienen los altos puestos en la Bolsa de Nueva York y Nasdaq. Con el ascenso de Kathy Warden a presidenta ejecutiva de Northrop Grumman en enero, cuatro de las cinco empresas de defensa más grandes de Estados Unidos están manejadas por mujeres. Chicago está a punto de tener su primera alcaldesa negra, y la luz guía demócrata Stacey Abrams acaba de trazar una línea en la arena cuando aplastó la idea de lanzarse para la vicepresidencia con la respuesta “Uno no se lanza para competir por un segundo lugar”.

Entre las 42 mujeres posesionadas al Congreso, jóvenes estrellas de rock como Alexandria Ocasio-Cortez nos electrifican a todos con su pasión y energía, pero es Nancy Pelosi - madre de cinco, abuela de nueve - quien sabe cómo hacer que el bebé pelirrojo de la Casa Blanca se coma su espinaca. Es beneficioso verla acorralar a su rebelde cría demócrata con golosinas de comité y castigos pacíficos. “Calmados. Respiren profundo. No se vuelvan como ellos”, le dijo a su grupo enojado en una sesión de estrategia emocional después de Mueller. No pretendo decir que las mujeres sean natural e invariablemente mejores para manejar gobiernos que los hombres. No es sino que mire la escena deprimente de Theresa May tambaleándose por los precipicios de Dover la semana pasada mientras, por tercera vez, su acuerdo Brexit terminó en derrota.

Como mínimo, podemos argumentar que las mujeres que se ven afligidas por lo que Hillary Clinton, quien ha pasado una vida entera con alguien que no lo posee, una vez llamó el “gen de la responsabilidad”. Yo podría apostar un baldado de bitcoins que nunca nos enteraremos de que ninguna de las cuatro mujeres casadas que posiblemente están buscando la nominación presidencial demócrata secretamente está “sextiando” fotos de partes de su anatomía a algún novio.

Pero aquí hay una lección profunda. Durante miles de años de civilización, las mujeres han evolucionado para dar manejo a las intractables perplejidades de la vida y encontrar formas de coexistencia pacífica donde los hombres tradicionalmente han encontrado caminos hacia el conflicto. Las mujeres han acumulado ricas formas de saber que hasta hace poco fueron ignoradas en círculos masculinos de poder. La alquimia de lo que ha hecho a las mujeres tal como son es misteriosa: ¿es el resultado de siglos pasados tratando de sobrevivir y prosperar en sociedades donde se las ha visto como menos? ¿O, hasta hace poco, de ser siempre nombrada cuidadora familiar, teniendo y criando hijos, cuidando a padres ancianos y hermanos discapacitados, a menudo dejadas para soportar las cargas impagas de la vida real? Las mujeres han aprendido y enseñado lecciones sobre cómo hacer frente a las imposibilidades aparentes en formas que los hombres tradicionalmente y hasta el día de hoy no lo han hecho. Después de un día de problemas en la oficina, ayudar a un aprendiz lento con la tarea proporciona una experiencia profunda de gratificación retrasada. La sabiduría de una mujer proviene, en parte, del gran malabarismo de su vida. Ya es hora de que las mujeres dejen de tratar de meterse en trajes espaciales obsoletos de la Nasa diseñados para un cuerpo masculino extraterrestre. La salvación no reside en seguir los caminos masculinos tradicionales de la autoelevación eyaculatoria. Al recurrir a la sabiduría de las mujeres sin disculpas y empujar esa sabiduría hacia posiciones de poder, podemos calmar nuestro mundo y, tal vez, incluso salvarlo.

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