viernes
2 y 8
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El cerebro está pulsando frente a mí. Nunca imaginé que el cerebro latiera como un corazón. Es beige, casi café claro, y las venas y arterias son moradas, extendidas, como arañas cuidando su presa. No puedo voltear a otro lado. Si el alma existe, está ahí dentro.
El cerebro está a la vista. Hace poco más de una hora que comenzó el complicado proceso de rasurar el cabello, cortar la piel y el cráneo, y levantar la duramadre, la bien llamada membrana que protege maternalmente al cerebro. Un pedazo de...
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