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El rol del centro debe ser de fiel de la balanza entre posiciones extremas, algo ‘natural’ dada la polarización existente.
Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co
Después de una semana de las elecciones, curiosamente sin que el centro lograra el paso a la segunda vuelta, empieza a surgir un consenso sobre el rol crítico que este puede y debe jugar, tanto en la campaña para la segunda vuelta como en los próximos cuatro años de gobierno, gane quien gane.
Y lo puede hacer tanto con vocería en medios tradicionales y digitales como con actos políticos o académicos. “Los políticos respiran opinión pública; sin ella se ahogan y perecen”, afirmó en su momento nuestro filósofo Bernardo Toro. El centro ya demostró cierta contundencia con Sergio Fajardo, Juan Daniel Oviedo, Claudia López y, de alguna manera, con Paloma Valencia y su propuesta de construir sobre lo construido; ¿y por qué no Maurice Armitage con su enorme tranquilidad? En esta última semana José Manuel Restrepo ha emergido en la campaña de ADLE como un claro centrista.
Sus votaciones indican que estos líderes pueden ser definitivos el día de elecciones, por sus inclinaciones o por su neutralidad; es decir, por su posición de críticos —casi siempre hacia los dos candidatos— en sus propuestas mas álgidas. Su decisión de dejar en libertad a sus bases, sin decirlo, para que cada uno escoja es muy significativa para los intelectuales y generadores de opinión de centro: “los votantes son completamente libres (...). Así que yo no voy a endosar a nadie ningún voto. Yo solo tengo mi voto, mi cédula”, afirmó Oviedo.
Pero el verdadero rol del centro político empieza el 22 de junio: se trata de evitar la constituyente de Cepeda -así hoy sea renegada- para preservar la estabilidad política en que nos ha mantenido la Constitución de 1991, sin dejar de apoyar sus reformas sociales y una gran disminución de la desigualdad, incluyendo su nuevo aporte a primera infancia con calidad en la educación pública; pero eso sí generando un cambio de rumbo de la Paz Total, tan necesaria pero sobre la cual hay consenso acerca de su actual peligroso desenlace. Así como de definir cómo apoyar la iniciativa del Pacto Fiscal con garantías de que se cumpla.
También será clave para lograr que Abelardo De La Espriella neutralice sus posiciones respecto a la prensa crítica (esencial para una democracia viva y funcional) o la izquierda, y que ejecute, como ha dicho, una disminución de la pobreza. Pero no parece fácil dado el tamaño del recorte presupuestal inicial planteado, que puede que sea para sortear la inminente crisis, pero el efecto social tipo Milei no es sostenible en Colombia, y menos con el “estallido social” reiteradamente anunciado. Pero igualmente es importante evitar, por ejemplo, malas relaciones con Fecode, que solo le traerá dolores de cabeza, así las posiciones de este sindicato sean extremas por momentos. Habría que abrir esa conversación con pañuelos blancos.
El rol del centro —que, con las notables votaciones de Fajardo especialmente, pero sin desdeñar la de Oviedo en marzo, ha reafirmado su lugar en la política nacional— debe ser de fiel de la balanza entre posiciones extremas, algo ‘natural’ en la polarización existente. El centro debe delimitar muy claramente las líneas rojas tanto del nuevo gobierno como de la oposición, con miras a superar el momento actual, para acercarnos a una social democracia; debe enfocarse en atemperar las relaciones entre los extremos, buscando esa difícil conversación entre distintos que permita borrar los fantasmas —de percepción o de realidad— de ambos lados.
Con todo lo duro que nos ha tocado vivir como país en nuestra historia, hemos logrado siempre salir de los grandes líos que hemos afrontado. Porque como escribía Mark Twain: “la historia no se repite, pero rima”.