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El corazón humano no solo late, siente

Los psicólogos dicen que el duelo no ocurre únicamente en la mente, sino que deja huella en el organismo. Con el dolor por la pérdida se activan zonas cerebrales vinculadas a la parte física de nuestro organismo, lo que se convierte en inmensa fuente de estrés.

hace 48 minutos
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  • El corazón humano no solo late, siente

Por Lina María Múnera G. - muneralina66@gmail.com

Morir de tristeza a los 56 años. A esa idea le doy vueltas después de leer que Marjane Satrapi, la ilustradora iraní que descubrí en el año 2002 gracias a su libro de historietas Persépolis, no fue capaz de soportar el fallecimiento de su esposo Mattias Ripa y se apagó. Me pregunto si esa fue la manera poética que encontró su familia para explicar su pérdida o si existe alguna base científica para hacer tal afirmación.

Los psicólogos dicen que el duelo no ocurre únicamente en la mente, sino que también deja huella en el organismo. Con el dolor por la pérdida se activan zonas cerebrales vinculadas a la parte física de nuestro organismo, lo que se convierte en una inmensa fuente de estrés. Incluso se pueden llegar a acelerar procesos de enfermedades previas debido a ese desgaste.

En el mundo de la cardiología se sabe de una condición médica conocida como “miocardiopatía de Takotsubo” o síndrome del corazón roto. Se trata de una alteración temporal del funcionamiento cardíaco que puede aparecer después de acontecimientos emocionalmente intensos, como la muerte de un ser querido o una ruptura afectiva. Pero que se den algunos casos no significa que sea una regla.

Desde un punto de vista estrictamente médico, la tristeza no constituye una causa de muerte; pero a la vez hay evidencia científica suficiente para demostrar que el vínculo entre las emociones y la salud física nos vuelve más vulnerables. Hay personas que tras el impacto sufrido sienten que ya no hay un motivo para levantarse cada mañana y ven cómo desaparece en ellos la ilusión de seguir viviendo. Esa es la clave de todo.

El ser humano puede soportar cantidades inmensas de dolor. Pero lo que le cuesta más es sentir que ya nada importa o que no hay ningún motivo para seguir adelante en la vida, que su “para qué” ya no existe. La esperanza no es solamente una emoción. Es un mecanismo para sobrevivir. De alguna manera se puede morir de tristeza, pero no porque la tristeza pueda detener el corazón por sí sola, sino porque a veces arrebata las ganas de seguir adelante.

Por fortuna, en la mayoría de los casos los humanos gozamos de una capacidad de resiliencia extraordinaria que nos permite afrontar las pérdidas. No fue así en el caso de Marjane y su partida deja un vacío. Al volver a ojear Persépolis, obra autobiográfica convertida en una de las novelas gráficas más leídas de la historia, vuelve la emoción del descubrimiento. Esos dibujos en blanco y negro que cuentan la revolución islámica iraní vista desde los ojos de una niña siguen siendo impactantes, llenos de inocencia y humor a la vez.

Dijo esta semana la escritora Dina Nayeri, que Marjane Satrapi murió de tristeza porque todo lo sentía intensamente. Es una lástima, una verdadera lástima, que no haya alcanzado a vislumbrar todas esas otras razones por las que su vida merecía seguir adelante.

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