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Columnistas | PUBLICADO EL 17 abril 2015

LA PAZ VERDADERA, NO POLÍTICA

PorGabriel Harrygharry@agrochiguiros.com

Colombia y todos sus ciudadanos quieren la paz, pero la paz verdadera y sin dueños, con verdad, justicia y reparación, no improvisar una paz con afanes políticos y réditos inmediatos, es mejor paso que dure y no que madure, como lo quieren hacer los que se jactan de publicitarse como los adalides de ahora, que en otro momento apoyaban la Seguridad Democrática y deambulaban por el Palacio de Nariño buscando beneficios personales.

No estar de acuerdo en algunos puntos que se van conociendo fragmentariamente sobre lo que están tratando en La Habana no es ser enemigo de la paz, lo que ocurre es que hay varias formas de buscarla y lo más conveniente para el país sería concertar y buscar fórmulas que no golpeen nuestra Constitución y las leyes y más en un país codiciado por tantas fuerzas oscuras, además de una Latinoamérica geopolíticamente hablando, en la mira de tantos personajes controvertidos.

El país está adormecido y sus dirigentes en un gran porcentaje, al marchar sus empresas con buenos balances económicos, deben pasarla tranquilos, pensando que todo seguirá igual. Muchos políticos que han saciado sus ambiciones con puestos o proyectos, apoyan todo lo que promete o ejecuta el gobernante.

Es notorio el comportamiento de muchos políticos, periodistas, columnistas y comentaristas al demostrar apoyo irrestricto y casi unanimismo a todo acto o determinación gubernamental. Es lógico, algunos por sectarismo, otros por la mermelada, otros por la repartija de puestos y conveniencias económicas y muchas de las empresas o empresarios, argumentando que tienen que ser gobiernistas, sea el que sea el gobernante.

No se le presta un buen servicio a la patria, a sus instituciones y a la democracia, no demostrando el inconformismo respetuoso y a su debido tiempo: ejemplos tenemos muchos: en los corrillos públicos, en las tertulias de amigos, en las antesalas de eventos y así se pudieran mencionar otros sitios, se siente la crítica, la preocupación, el inconformismo y el temor, pensando en que las cosas no pasan por el mejor momento, sospechando que las cosas pueden empeorar.

Al país hay que decirle la verdad. Para nadie es extraño el revés en el precio mundial del petróleo, el estancamiento en la producción, la destorcida en el precio del carbón y las consecuencias por haber dependido por un buen tiempo del sector minero energético.

El Gobierno debe contar para llegar a una paz verdadera y duradera, no solo con los arrodillados de siempre, sino concertando con todos los partidos políticos, con la academia, con los gremios, con la iglesia católica, con los pastores de diferentes religiones, con la prensa hablada y escrita de nuestro país, que es donde se conoce el antes, el hoy y el futuro que se anhela, no pensando en que el problema lo arreglan los aparecidos con ánimo protagónico que no han sufrido las inclemencias de la guerra, el terrorismo, el narcotráfico la corrupción.

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