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Columnistas | PUBLICADO EL 08 diciembre 2021

La maternidad
como acto político

Por Ana Cristina Restrepo J.redaccion@elcolombiano.com.co

Las mamás nos dedicamos a nuestros hijos con la esperanza de entregarle ciudadanos dignos a la sociedad. ¿Qué pasa cuando no son entregados, sino arrebatados?

Hace 19 años doña Marleny, madre del municipio de Argelia, busca a su hijo Germán Alberto. La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) presentó el documental “¿Por qué nos arrebató a nuestros hijos? La pregunta de las mujeres de Argelia a Elda Mosquera, alias Karina” (véalo acá: https://3c5.com/OamNN), resultado de cinco meses de trabajo entre buscadoras de desaparecidos, la CEV y la excomandante guerrillera.

Según la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, durante el conflicto armado desaparecieron 99 235 personas. La Jurisdicción Especial para la Paz estableció que al menos 18 677 menores fueron reclutados por las antiguas Farc. Ambos delitos fustigaron las 49 veredas de Argelia entre 2000 y 2004, cuando Karina comandó el frente 47. Puesto que el primer verdugo fue el Estado, incapaz de proteger a las comunidades, dichos crímenes solían ser invisibilizados... Hasta que las buscadoras se convirtieron en las abanderadas del esclarecimiento, como las Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, o las Madres de La Candelaria, en Medellín. La comisionada Alejandra Miller lo describe con precisión: la maternidad como acto político.

En octubre, algunos ciudadanos fuimos llamados por la CEV como testigos del reconocimiento de Elda frente a un grupo de madres. En un círculo externo a la mesa donde dialogaban víctimas y victimaria, parecíamos aprendices de medicina en un quirófano, rodeábamos el procedimiento que trataba de reparar un corazón. Colombia sangró ante nosotros cuando Elda leyó una lista de nombres de desaparecidos, y cuando pidió perdón por lo que ella hizo, por lo que permitió que otros hicieran.

Elda fue reclutada en la adolescencia. Ser comandante cambió su historia en el conflicto; ser madre, su vida entera. Ingresó a Justicia y Paz. Fue condenada por homicidio agravado, terrorismo, rebelión, hurto calificado y daños en bien ajeno. Obtuvo libertad condicional. Su proceso sigue abierto.

No se trata de la glorificación de una criminal, sino de entender el re-conocimiento (volver a conocerse) como vía para reparar los lazos rotos de una sociedad. La CEV busca patrones de violencia y hacer memoria, pero también sanar simbólicamente y con hechos concretos, como el diálogo.

“¡Yo no la quiero en la cárcel, la quiero con sus mismas botas, en el campo, mostrándome dónde está el cuerpo de mi hijo!”, exclamaba doña Marleny, con su mirada fija en la de Elda.

La desigualdad en Colombia supera las definiciones de la economía: está vinculada a nuestra manera de mirar al otro. ¿Por qué Argelia? ¿Por su “posición estratégica”? Jesús María Valle decía que “el meridiano de la violencia pasa por Antioquia”. El padre Francisco de Roux, presidente de la CEV, asegura que Colombia tendrá paz cuando Antioquia lo quiera.

Doña Marleny empezó a buscar a su hijo cuando los míos apenas se formaban en mi vientre. El lunes, mientras mis hijos recibían su diploma de bachilleres, en el auditorio parecían asomar los rostros de Germán Alberto, de centenares de niños arrebatados a sus mamás.

“La paz, no tenemos duda, tiene rostro de mujer”, dice la CEV. Esa certeza pasa por un primer consenso colectivo entre nosotras, en el campo y la ciudad: el hijo de una es el hijo de todas 

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