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Columnistas | PUBLICADO EL 15 septiembre 2021

La manía de este septiembre negro

Por arturo guerreroarturoguerreror@gmail.com

El 11 de septiembre y sus alrededores parecen destinados a acontecimientos patéticos. Sus aniversarios son renovadas advertencias a la memoria del planeta sobre las variadas vergüenzas de la muerte.

La racha comenzó en los XX Juegos Olímpicos de Múnich, cuando adquirieron celebridad los fedayines de Septiembre Negro, facción de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) comandada por Yásir Arafat. El 5 de septiembre de 1972 un comando palestino tomó como rehenes a varios atletas israelíes y exigió liberación de presos. El cruce de los hechos llevó a la muerte de once de los retenidos, cinco secuestradores y un policía.

Esta tragedia tiñó de oscuro el nombre del noveno mes. En adelante se habló del septiembre negro. Al año siguiente, exactamente el 11 de septiembre, Pinochet bombardeó la Casa de la Moneda en Santiago de Chile y acabó con el gobierno socialista de Salvador Allende. Se dice que la muerte de este acaeció por suicidio, bajo la escombrera.

Nadie habría podido imaginar que veintiocho años más tarde, en el mismo puntual 11 de septiembre, cuatro aviones secuestrados por la organización Al Qaeda de los yihadistas de Osama bin Laden irían a desmoronar la Torres Gemelas neoyorkinas y un ala del Pentágono. De nuevo, septiembre tiznó el horizonte mental del mundo.

La semana pasada, en vísperas del aniversario número cuarenta y ocho de Allende y del número veinte de las Torres, Colombia ofreció una cuota de agonía de diferente índole. Se esfumaron por muerte natural dos lumbreras de la literatura nacional.

En Medellín se fue el poeta Jaime Jaramillo Escobar, abandonando su estampa de monje tibetano con exceso de dientes. Fue autor de esta copla en la que retrató a su país: “Si me encuentro con la Muerte /¡qué susto le voy a dar! /Le diré que en la otra esquina / me acaban de asesinar”.

En Bogotá se desvaneció el columnista, caricaturista, escritor, y otro poco de cosas, Antonio Caballero Holguín. Tímido, de sobra lúcido, apóstata de su clase oligarca, incorruptible, fue poeta parco: “No se escoge la muerte: a ella se llega /acorralado por la propia vida. /Hay que haber escogido / esa vida que empuja hacia la muerte”.

¿A quién pedirle aclaración sobre la entraña agonizante de septiembre? ¿Qué esconde este mes en su gota a gota, sombrío y diferente del resto de titulares del almanaque? 

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