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Columnistas | PUBLICADO EL 28 enero 2022

La confianza

Por hernando uribe c. hernandouribe@une.net.co

Confianza es una palabra amable, elocuente, sonora. Con solo pronunciarla crea un ambiente acogedor, dimensión esencial de la existencia humana. Dime en quién y en qué confías y te diré quién eres.

De la confianza hablamos mucho y sabemos poco. Cuánto me pregunto yo qué es confianza y, más aún, cuánta confianza tengo yo en mí mismo. El camino por recorrer es largo y de difícil comprensión, pues se refiere al más profundo centro del alma, lugar desconocido por poco frecuentado.

El porcentaje insignificante de confianza del hombre del siglo XXI es asustador, y más sabiendo que en las encuestas la confianza en sí mismo no tiene lugar, pues es desconocida, casi como si no existiera.

El evangelio nos enseña de continuo que para Jesús la confianza determina por entero el comportamiento humano, hasta el punto de que en su diálogo con quienes se acercan a él en busca de encontrar solución a sus inquietudes y necesidades, reciben de Jesús esta respuesta: “tu fe te ha salvado”.

Tiene confianza quien, al sentirse débil, enfermo, menesteroso, no se entrega al pesimismo y la desilusión, sino que sale de sí mismo a apoyarse en algo sólido que le da seguridad, como aparece de continuo en el evangelio. Es conmovedor el caso del paralítico llevado entre cuatro a la presencia de Jesús descolgándolo por el techo debido al gentío. “Viendo la fe de ellos” (Marcos 2, 1-12), Jesús cura al instante en cuerpo y alma al paralítico.

Como ser relacional, tengo la tarea de cultivar mi relación de amor conmigo mismo. Mis sentimientos me lo indican. Todo sentimiento que me hace daño, como tristeza, rabia o amargura, me indica que no me amo, que no confío en mí mismo. Y todo sentimiento mío que me hace bien, como alegría, confianza o fortaleza, me indica que me amo, que confío en mí mismo.

Jesús dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Igualmente puedo decirme: Confía en tu prójimo como en ti mismo. La confianza en mí mismo requiere un trabajo diligente continuado. Que yo pueda aplicarme estos versos de Campoamor: “¡Qué dulce es un pecho amigo / que entienda nuestro sufrir!”.

La educación es la tarea primordial del hombre del siglo XXI. Cuanto más me amo, más confianza tengo en mí mismo y, así, cuanto más amo a mi prójimo, más confío en él. La confianza es el distintivo del amor. Cuanto más amor, más confianza. El amor es el fundamento de la confianza. Goethe escribió: “Feliz el que guarda la fe pura en su seno, no le dolerá ningún sacrificio” 

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