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Columnistas | PUBLICADO EL 06 mayo 2019

La bondad es la clave de la felicidad

Por ÁNGELA MARULANDAangelamarulanda20@gmail.com

Quienes tenemos la suerte de vivir en circunstancias favorables, no sólo gozamos de más privilegios sino que también tenemos mayores deberes. Esto significa que, cuando contamos con bastante más de lo necesario para vivir, tenemos también el sagrado deber de contribuir a que los más desfavorecidos tengan al menos lo que necesitan para sobrevivir.

Ser bondadosos y contribuir al bienestar de nuestros semejantes tiene grandes ventajas. En efecto, un grupo de científicos de la conducta dedicados a estudiar cómo fortalecer la confianza y la seguridad en los niños con limitaciones concluyó que “hacer una diferencia positiva en la vida de los demás enriquece el autorrespeto y el deseo de vivir de una persona”. Está comprobado que cuando los niños ayudan a los más necesitados y ven que contribuyen a mejorar sus circunstancias, se sienten más satisfechos, más capaces y más orgullosos de sí mismos. Al enfatizar lo que ellos pueden aportarles a quienes lo necesitan, gozarán de la dicha de ver lo que sus contribuciones significan para quienes las reciben.

Cuando damos con generosidad y por el gusto de contribuir, se activa en nosotros un sentimiento de alegría, propósito y unión muy gratificante que nos hace sentir realizados y felices. Esto significa que todos venimos dotados de lo que necesitamos para llevar una vida plena y satisfactoria porque el interés en servir es innato en los seres humanos.

En el proceso de formar a las nuevas generaciones, los padres debemos inculcar en los hijos un nuevo sentido de justicia que no perpetúe la injusticia a nombre de la misma. No se trata de enseñarles a que den lo que dice la ley para evitar una sanción o a que ayuden a un infeliz para “ganarse el cielo”. La justicia no es cuestión de trueque, es cuestión de amor, porque implica compartir lo que hemos tenido el privilegio -generalmente inmerecido- de recibir con quienes más lo necesitan y gozar así de la fortuna de hacer la diferencia en la vida de quienes más lo necesitan.

Recordemos que la vida no nos premia por nuestras buenas obras, sino que son nuestras buenas obras las que nos premian. De tal manera que si deseamos que la vida de nuestros hijos esté llena de alegría y satisfacciones debemos cultivar su corazón para que ellos sean una bendición en la vida de sus seres queridos.

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