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Columnistas | PUBLICADO EL 25 mayo 2021

Kamala es la gran apuesta

Por David E. Santos Gómezdavidsantos82@hotmail.com

En los cuatro meses de la sorprendente presidencia del demócrata Joe Biden, con la derecha refunfuñando y la izquierda sorprendida gratamente, la segunda al mando, Kamala Harris, aparece como fundamental en el tinte social que tiñe las medidas del veterano mandatario. Más que una sorpresa, la influencia de Harris es el resultado esperado de un plan cuidadosamente pensado para transformar su partido, primero derrotando a Donald Trump y obteniendo la Casa Blanca y luego escorando hacia el progresismo a una colectividad que necesita recomponer su visión liberal. Con los republicanos aún -e increíblemente- hipnotizados por los delirios conservadores de un magnate racista, la apuesta demócrata para los años venideros es plantarse en el lado diametralmente opuesto. Y allí esta mujer tiene un papel protagónico.

Ya en el mando, Biden otorgó a su vicepresidenta el tema fundamental de la migración. El complejo entramado de la llegada de decenas de miles de personas, principalmente por la frontera sur, que tiene enormes consecuencias sociales y políticas en su país y que, en la visión de la nueva administración, debe ser tratado desde las causas que lo originan y no con muros o represión cuando el fenómeno se ha desbordado. Así, Harris tendrá que lidiar meticulosamente con la raíz del lío, buscando salidas multilaterales con sus vecinos más allá del Río Grande. La visibilidad de la problemática puede ser una bendición o una desgracia para el futuro de su propia carrera política.

Kamala visitará la segunda semana de junio a México y a Guatemala, en lo que será su primer viaje vicepresidencial de realidad geopolítica y cuyo comportamiento dará las puntadas iniciales sobre su capacidad como gobernante. Porque aquí salta el otro punto. Más allá de su influencia, de su notoria voz en la campaña y en los primeros meses de la presidencia de Biden, de su mano para darle forma al nuevo partido demócrata, lo que suena con fuerza -aún reconociendo que parece prematuro- es que Kamala será la candidata del partido para las elecciones del 2024, en reemplazo de un Biden que, con 81 años para entonces, llegaría demasiado agotado para un cuatrienio más. Es por ello que cada paso dado ahora se ajusta a la construcción de una aspirante sólida que abandere la continuación de las políticas actuales, pero hable por ella misma. Con voz propia. La de la primera mujer presidenta de Estados Unidos

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