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Columnistas | PUBLICADO EL 28 enero 2023

Innovación y pertinencia

A futuro el concepto de “universidad” debería migrar al de “multiversidad”, permitiendo que los alumnos tengan muchos y muy diversos caminos para “diseñar” sus propias carreras.

Por Alejandro Noguera C. - alejandronoguerac@gmail.com

Asistí la semana pasada al Noveno Congreso Internacional de Innovación Educativa (CIIE) en la ciudad de Monterrey, un evento dedicado a discutir sobre los temas que determinarán la evolución de la educación, y particularmente de la educación superior, en el futuro. Quiero compartir tres de los asuntos principales que hicieron parte del diálogo, y sobre los que necesariamente tendremos que trabajar como sociedad.

Con la revolución que ha generado el lanzamiento de ChatGPT (al que me referí en una columna anterior), el punto de inicio de las discusiones tiene que ver con el papel de tecnologías como la inteligencia artificial, la inteligencia extendida o el metaverso en nuestras vidas, y lo que ellas requerirán de los colegios y universidades. Este trabajo no debería concentrarse solamente en educar a los alumnos en la manera de operar estos nuevos recursos, sino sobre todo en entenderlos.

Un segundo punto tiene que ver con los cambios en un sistema que, hasta hoy, prepara a los estudiantes para desempeñarse en una sola carrera a lo largo de su vida. Por el dinamismo de la sociedad y la velocidad a la que los conocimientos se vuelven obsoletos, es muy probable que quienes hoy están empezando sus carreras universitarias no deban prepararse para desarrollar una, sino muchas carreras a lo largo de sus vidas. La rigidez y longitud actual de los programas universitarios no garantiza adaptabilidad. Por eso, a futuro el concepto de “universidad” debería migrar al de “multiversidad”, permitiendo que los alumnos tengan muchos y muy diversos caminos para “diseñar” sus propias carreras, y dándoles la flexibilidad necesaria para adaptar sus perfiles continuamente para las necesidades que surjan en los diferentes mercados.

Y por último, consecuencia de lo anterior, el principal cambio en relación con la concepción actual de la educación tiene que ver con la transformación del aprendizaje, que se pensaba como una tarea finita que terminaba con la obtención de un título, por una nueva mentalidad más abierta, que entienda el aprendizaje como una tarea indispensable que se desarrolla y expande a lo largo de toda la vida.

Una reflexión y dos tareas inmediatas provocaron en mí estas discusiones: la reflexión tiene que ver con la necesidad de no permitir que la formación ética y humana de nuestros alumnos termine jugando un papel de reparto. Si no somos capaces de formar personas que sepan discernir de manera justa, estos cambios podrían cumplir con el papel de acelerar un proceso de destrucción de nuestra vida en sociedad. Y las tareas incluyen, primero, acelerar la transformación de los currículos en nuestros colegios, haciendo énfasis en que los contenidos deben dejar de ser fines para convertirse en vehículos de formación de estructuras de pensamiento; y segundo, encontrar un camino para que las estructuras, procedimientos y marcos regulatorios que rigen la educación de hoy puedan adaptar sus ritmos para producir cambios a una velocidad compatible con la del mundo de hoy. Todas las innovaciones conducentes a quitarle peso a un sistema rígido e hiperregulado nos asegurarán pertinencia. Mantener un ritmo lento y burocratizado para impulsar cambios, nos asegurará el naufragio.

Si quiere más información:

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