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Columnistas | PUBLICADO EL 22 diciembre 2021

¿Hay candidato que aglutine?

Por alberto velásquez martínez redaccion@elcolombiano.com.co

Tenemos muy claro que si los partidos y movimientos democráticos colombianos no se ponen de acuerdo en un candidato único, la Presidencia de la extrema izquierda se impondría en las urnas el año entrante. Ya el campanazo se dio en Chile. Y podría llegar hasta Colombia. Sería el comienzo de la agonía del sistema de libertades políticas, económicas y de pensamiento.

La presidencia de un extremista de izquierda constituiría el mensaje de que Colombia escogió el peor laberinto como filosofía de gobierno. Entraría el país a la cofradía del populismo, veneno del desarrollo social y económico de los Estados democráticos.

Esa extrema mesiánica, ahora encarnada en Petro, caudillo popular, hay que confrontarla con argumentos sólidos y convincentes que desvirtúen las propuestas demagógicas. No a través de insultos que a diario se le hacen al líder populista en las redes sociales, agravios que, exagerados y repetitivos, se vuelven contraproducentes para los objetivos de detenerlo en sus aspiraciones de poder. Pasar de victimario a víctima es cruzar una línea muy frágil, dada la emotividad y sensibilidad del elector que hace causa común con el crucificado por el establecimiento. Podría convertirse a Petro no en lo que es, enemigo y victimario del sistema de libertades, sino en víctima del régimen. Y ahí, con cara de ternero degollado, cobraría en las urnas.

El elector, más emocional que racional, viene siendo manipulado con irresponsabilidad por los desbordamientos de trinos en las redes sociales. El Twitter causa tantos estragos como una ametralladora. Con esa tecnología, calan más los mensajes efectistas que las tesis. No crean opinión, sino que la distorsionan y manipulan para generar zozobra.

Hay que combatir con razones y menos con pasiones. Para obtener la victoria sobre la extrema izquierda y su portavoz en la carrera presidencial, no solo hay que demostrar que sus tesis son tan anacrónicas como utópicas, sino formar un gran frente común de fuerzas democráticas, con un programa tan seductor como real y un candidato carismático que proponga salidas adecuadas para hacer un país posible con instituciones fuertes y confiables. De lo contrario, Colombia podría pasar de ser un Estado débil a convertirse en un Estado anárquico, con unas libertades y una iniciativa privada conculcadas, regido por un presidente embaucador.

P.D.: Este año, según The Economist, Colombia será el país de mayor reactivación económica y social del mundo. Y el tercer país de mayor crecimiento de la Ocde. Desde la época del general Rafael Reyes, hace 115 años, “no se tenía un incremento tan alto en la economía”. Posiciones logradas dado el acertado manejo que le dio a la pandemia el gobierno de Iván Duque. Supo maniobrar sus presupuestos, al destinar significativos recursos a la salud para enfrentar el ataque de la peste. Y eso evitó que las familias colombianas sufrieran con mayor rigor la tragedia pandémica. Además, la integración de los regímenes de salud público-privado impidió, dice un estudio de la Universidad de Antioquia, que la crisis social y económica hubiese sido devastadora. Sin esa armonía, Gobierno-Academia y sector privado para conjugar esfuerzos y recursos, trípode inadmisible para el aspirante presidencial populista, ¿habría sido posible obtener tan buenos resultados? 

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