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Columnistas | PUBLICADO EL 25 julio 2022

El selectivo silencio vaticano

Por lo que hemos visto hasta hoy, el Papa, más por lo que calla que por lo que dice, parece tener una “curiosa” complacencia con las dictaduras comunistas latinoamericanas.

Por Juan David Escobar Valencia - redaccion@elcolombiano.com.co

En 1324, el papa Juan XXII, poco amigo de la diversidad, emitió la bula Docta Sanctorum Patrum, que intentaba perpetuar el tradicional tipo de canto litúrgico en el que todas las voces deben cantar una única melodía, a la misma altura y ritmo, monofonía en el lenguaje musical, prohibiendo la “indecente” polifonía que permite múltiples voces melódicas independientes que se entrelazan. Para este papa, o todos cantan lo mismo o nadie canta. La “dictadura vocal” era lo correcto, como aparece en su bula: “La gran cantidad de notas en sus composiciones nos oculta la melodía del canto llano”... “Estos músicos corren sin pausa. Embriagan el oído sin saciarlo; dramatizan el texto con gestos; y, en lugar de promover la devoción, la previenen creando una atmósfera sensual e indecente”.

El papa Pío XI, a principios del siglo pasado, dirigía una iglesia en un ambiente de confusión, cambios políticos y sociales, lo que explicaría su relativo rechazo a la discrepancia y a los modelos democráticos. En su primera encíclica, Ubi arcano Dei consilio, manifiesta: “Y así vemos cómo van en aumento las conjuras, cómo se originan insidias, atentados contra los ciudadanos y contra los mismos ministros de la autoridad; cómo se acude al terror, a las amenazas, a las francas rebeliones y a otros desórdenes semejantes, tanto más perjudiciales cuanto mayor es la parte que en el gobierno tiene el pueblo, cual sucede con las modernas formas representativas. Estas formas de gobierno, si bien no están condenadas por la doctrina de la Iglesia (como no está condenada forma alguna de régimen justo y razonable), sin embargo, conocido es de todos cuán fácilmente se prestan a la maldad de las facciones”.

Pero en el siglo XXI, algunas dictaduras también encuentran cierta complacencia vaticana, particularmente las del socialismo del mismo siglo. En reciente entrevista, como en otras de sus manifestaciones, el papa argentino nuevamente “omitió u olvidó” mencionar y criticar las violaciones de derechos humanos en la dictadura castrista. Recordemos también que el actual papado, seguro accidentalmente, evitó que prosperaran las protestas de la oposición contra la dictadura Chavista cuando estaban tomando fuerza, por primera y única vez, convocando a unas “apaciguadoras” conversaciones, que con dictadores siempre fracasan y les dan tiempo y oxígeno.

Por lo que hemos visto hasta hoy, el papa, más por lo que calla que por lo que dice, parece tener una “curiosa” complacencia con las dictaduras comunistas latinoamericanas. Pero si las dictaduras son del otro lado del espectro ideológico, es presuroso a condenarlas. Menos de tres años después de su elección, quitó el secreto vaticano a los documentos relacionados con la dictadura militar argentina y la uruguaya. Al parecer al papa las dictaduras lo hacen llorar, pero solo por un ojo, el de la izquierda.

Cómo extrañamos a Juan Pablo II, quien dijo en Cuba en 1998: “La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico” 

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