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Columnistas | PUBLICADO EL 27 junio 2022

El divisionismo atávico

Si la dirigencia política sobreviniente y la sobreviviente, toman en serio el compromiso de alcanzar un diálogo nacional fructífero y se deciden a conjurar el divisionismo y la fragmentación atávicos, los colombianos estaremos dando un paso adelante en la historia.

Por Juan José García Posada - juanjogp@une.net.co

Cuando afronté la grata responsabilidad de entrevistar a nadie menos que el gran historiador norteamericano Frank Safford, en EL COLOMBIANO y por allá en 1989, de él me impresionaron tres facetas: Un dominio impecable del español, un conocimiento profundo y detallado del discurrir social y político de Colombia y una suerte de halo profético. Hoy, al registrar la muerte del profesor Safford, ocurrida hace una semana, he releído buena parte del libro que escribió al alimón y a principios de este siglo con el eminente historiador Marco Palacios, sobre Colombia, país fragmentado, sociedad dividida.

En esa obra capital, como en el estudio en el que destaca el modelo de los empresarios antioqueños o en su reflexión sobre el ideal de lo práctico, me atrevo a decir que el doctor Safford, sin salirse del método y la actitud históricos, asume una cierta condición de profeta. Claro, la historia ayuda a comprender el presente a partir del conocimiento del pasado. Nos refresca la memoria afiebrada y calenturienta, para comprobar que el descuadernamiento geográfico y el divisionismo son males atávicos y hasta queridos, a los que no podemos seguir resistiéndonos a renunciar y erradicar, si de verdad aceptamos el derecho de esta nación a que se instale en la modernidad y en un estadio de libertad y paz, progreso y justicia social.

Safford y Palacios advierten en su historia que hay un hilo conductor en la llamada narrativa nacional, “de un lado, la fragmentación espacial del país y, del otro, las divisiones profundas de la sociedad colombiana, ya sean culturales, étnicas, de clase o de localidad, región, políticas e ideológicas”. Sostienen que, “vista en una perspectiva de muchos siglos, la historia colombiana resulta un tejido abigarrado en el que se entrecruzan la geografía y la acción social que trata de dominarla a lo largo del tiempo y da un sentido peculiar a las divisiones de la sociedad. Un tejido que, a su vez, forma parte de la historia mundial y del hemisferio occidental”.

Si la dirigencia política sobreviniente, con el nuevo presidente Petro a la cabeza, y la sobreviviente, con sus líderes tradicionales, toman en serio el compromiso de alcanzar un diálogo nacional fructífero en torno a los asuntos e intereses fundamentales, y se deciden a conjurar el divisionismo y la fragmentación atávicos, los colombianos estaremos dando un paso adelante en la historia, no uno adelante y dos atrás como ha sido. La lección de los historiadores como Safford, y como tantos colombianistas extranjeros que han sabido más de este país que nosotros, no reposará o yacerá en el olvido letal de las bibliotecas. Por mi parte, estoy tranquilo y confiado luego de unas elecciones en que no estalló ni una papeleta, con el realismo optimista propio del escepticismo jovial que me han enseñado Séneca y Don Quijote y con la esperanza, sin ingenuidad, en que algún día vamos a conjurar entre todos el genocida divisionismo atávico 

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