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Columnistas | PUBLICADO EL 24 julio 2021

El descubrimiento de la lentitud

Por ALDO CIVICOaldo@aldocivico.com

Frente a un problema, tenemos la tentación de pasar de una a la acción y de encontrar una solución. Queremos resolverlo rápido y por eso nos desgastamos muchas veces en un activismo exagerado. Ser activos, movernos, nos da la impresión de tener el control sobre una situación, sobre un problema. Pero muchas veces se trata de una mera ilusión. De hecho, entre más complejo sea un problema, requiere más atención, escucha, calma. De lo contrario, aún con las mejores intenciones, vamos perpetuando modelos mentales y de intervención ya conocidos, negándonos la posibilidad de entender un problema de manera nueva, adecuada, actualizada.

Se me viene a la mente la historia de un vendedor de alfombras que un día observó que había una joroba en una de sus alfombras. Decidió coger un palo y suavizar la alfombra a golpes. Su acción inmediata fue suficiente para arreglar la alfombra. Sin embargo, a los minutos, la alfombra volvió a presentar una joroba en otro punto. Nuevamente el vendedor cogió el palo y trató de arreglar el problema a golpes. Durante varios instantes la alfombra se quedó plana hasta que la joroba apareció nuevamente. El vendedor gastó todo el día tratando de arreglar a golpes la alfombra que una y otra vez volvía a representar jorobas. Viendo que los golpes no le resolvían el problema de raíz, el vendedor dejó de ser reactivo, pausó, y empezó a mirar con curiosidad a la joroba que se apareció una vez más. Finalmente decidió actuar de una manera distinta. Se agachó, y levantó con atención una esquina de la alfombra para ver qué había debajo. Inmediatamente una serpiente salió enojada y de esta manera nunca se volvieron a presentar las jorobas.

Hoy necesitamos prestarle más atención a las causas profundas de los desafíos que nuestra era presenta, en lugar de quedarnos simplemente mirando y tratando los síntomas. Necesitamos un suplemento de inteligencia y de creatividad, para poder entender de manera más profunda e integral los problemas de nuestras sociedades. Muchas veces reaccionamos con rabia, impaciencia, hasta indignación frente a eventos y manifestaciones que percibimos como una amenaza a nuestro bienestar, estilo de vida, tranquilidad. Nos conforta la idea de que algunos golpes bien dados nos van a devolver el control. Creemos más en la bondad de la fuerza que en el poder creativo que una inteligencia colectiva puede proporcionar.

Por eso hoy, quizás, una habilidad por apreciar y desarrollar es la capacidad de ralentizar el paso, de abandonar el frenesí de la acción, y en cambio, hacerle un paréntesis a preconceptos, prejuicios, percepciones que vienen del pasado, para practicar una escucha nueva, empática, que sea capaz de conectarse con el sistema entero, y de tener una comprensión del todo. Se trata de ser menos superficiales y de empezar a mirar lo que hay debajo de la alfombra. Se trata de dejar de ser reactivos y, en cambio, responder de manera adecuada a los problemas. Se trata de pausar, qué es exactamente la facultad de nuestra mente que nos hace humanos

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