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Columnistas | PUBLICADO EL 25 julio 2019

El autódromo de Bello

Por Armando Estrada Villa
aestradav@une.net.co

Antioquia tiene múltiples e importantes necesidades y delicados problemas. En educación, salud, comunicaciones, conectividad y zonas verdes urbanas existen déficits que es indispensable tratar de cubrir, y también graves dificultades en materia de seguridad, calidad del aire en el Valle de Aburrá, drogadicción y cultivos ilícitos, que es imperioso atacar, para solo mencionar las mayores necesidades y los más acuciantes problemas que aquejan a los antioqueños. Por fortuna, el gobierno departamental, en cabeza del doctor Luis Pérez, viene trabajando con empeño y acierto en reducir estas necesidades y enfrentar estos problemas.

Plausible la titánica lucha que el gobernador viene dando para recuperar como bien estatal de uso público el lote de casi 1.000.000 de metros cuadrados ubicado en Bello, que el ICA cedió a los municipios del Valle de Aburrá para construir un parque popular urbano, que se constituyera en pulmón de la ciudad y sitio para respirar aire puro en medio de abundante flora y fauna.

Sin embargo, surgen inquietudes porque de los 500.000 metros cuadrados disponibles, 200.000 se ocuparán con el proyectado autódromo que impulsa el doctor Pérez, lo que obliga preguntar: ¿Será una auténtica necesidad de Antioquia y de Bello su construcción? ¿Satisfará una necesidad sentida por miles de antioqueños que carecen de servicios estatales básicos? ¿Contribuirá a mejorar la calidad del aire y la salud auditiva en Bello y el Valle de Aburrá? ¿Aportará a reducir la carencia de espacios verdes?

Al contrario, podrá constituirse en un estímulo más para la compra de motocicletas, también dará un impulso a la industria automotriz y al uso de combustibles y lubricantes que, con claros beneficios para los empresarios de este sector de la economía, polucionarán aún más el aire. Además, el rugido de los motores produce un ruido intenso que atentará contra la salud auditiva de una zona densamente poblada e igualmente con la de niños y ancianos que asistan a este lugar, a lo que se agrega que disminuye el área utilizable para la recreación activa y pasiva de la población.

Por otro lado, los deportes a motor son deportes elitistas sin acceso para la mayoría de la población, sea en el campo de la competición o de la asistencia a sus espectáculos, que son costosos y tienen carácter eminentemente privado. Máxime cuando en todos los autódromos del mundo, empezando por el Tocancipá en Bogotá, cobran por el uso de sus pistas e instalaciones a motos y autos, dado el elevado costo del mantenimiento.

Los cerca de 120.000 millones de pesos que se invertirán en la construcción del autódromo es obvio que no satisfacen necesidades reales y sentidas de los antioqueños. Además, ¿por qué darle a Bello ese foco de contaminación acústica y del aire que trae consigo un autódromo ubicado dentro de su perímetro urbano?

Guardadas proporciones, puede invitarse al señor gobernador a que piense en dejarle a Bello y al Valle de Aburrá un parque como el Simón Bolívar de Bogotá, el Chapultepec de Ciudad de México o el Central Park de Nueva York que, sin tener zonas para deportes a motor, combinan la práctica de varios deportes y el ejercicio de hábitos de ocio constructivo que enriquecen física y espiritualmente, con amplios espacios para eventos religiosos, musicales y culturales.

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