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Columnistas | PUBLICADO EL 13 mayo 2022

Dr. Juan Camilo Restrepo, destape los libros

A pesar del sesgo, si se iba a suspender a un funcionario público visible por participar en política, tenía que ser el alcalde de Medellín: nadie más ha actuado con el nivel de sinvergüencería con que él lo ha hecho.

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Me parece un sinsentido pretender que los políticos no participen en la actividad a la que se dedican: hacer política. Sin embargo, en Colombia insistimos en prohibirles a los funcionarios públicos participar en su profesión. El resultado es que hace rato nadie acata la norma, se queda en un saludo a la bandera. Sea Iván Duque criticando abiertamente las propuestas de Petro o Claudia López trinando sin vergüenza que “Hay centro. Hay esperanza. Hay futuro”, la mayoría de los funcionarios que tienen algo de importancia hacen maromas que les permitan aprovechar sus posiciones de influencia.

Por eso se tenía que prever que la decisión de Margarita Cabello de suspender temporalmente al alcalde Daniel Quintero iba a caer mal. Duque no es el primer ni último presidente que busca poner funcionarios “de bolsillo” en las “ías”, pero el hecho de haber conseguido nombrar a un incompetente con complejo de inferioridad como Francisco Barbosa en la Fiscalía tiene a los entes de control en niveles históricos de desprestigio, con su independencia cuestionada. Suspender al alcalde de la segunda ciudad más importante del país por apoyar al candidato de oposición a pocos días de elecciones no ayuda para nada a su causa: la Procuraduría y el Gobierno quedan con la impresión de actuar de forma sesgada a favor de su candidato a la presidencia, y Quintero queda con el discurso perfecto de ser mártir.

Sin embargo, a pesar del sesgo, si se iba a suspender a un funcionario público visible por participar en política, tenía que ser el alcalde de Medellín: nadie más ha actuado con el nivel de sinvergüencería con que él lo ha hecho. Publicó una foto donde revelaba su voto por el Pacto Histórico en las consultas, dijo que “lo que es obvio no se pregunta” cuando le preguntaban si apoyaba la campaña de Petro, apoyó públicamente que más de cinco de sus funcionarios más cercanos se fueran de frente a hacer campaña y publicó el descarado video de “el cambio en primera”, solo por mencionar algunos casos notorios. Ni imaginar lo que ha movido en privado. Para buscar el cambio en la cultura de Antioquia, el petrismo escogió al peor exponente del “culto al avispado”. “Desconfiad del avispado”, como escribió el exrector Juan Luis Mejía.

Aun así, persiste el enigma, ¿qué gana el Gobierno con todo esto? Le regalaron un golpe de opinión a Gustavo Petro, uno que, bien aprovechado, podría ayudarle a recortar los votos que le faltan para ganar en primera vuelta. Lo mismo a Quintero, que posando de Goebbels criollo desde el balcón de una Alpujarra con las oficinas vacías, lanzó su campaña para ser presidente en 2026. El gobierno de Duque no se ha caracterizado por ser muy estratégico, pero no se ven claros los motivos para tomar una decisión así de costosa. Algo falta en la ecuación.

Juan Camilo Restrepo, el alcalde encargado de Medellín en las horas de la madrugada del jueves en que escribo esta columna, es un “paisa disciplinado y madrugador”, como dice la página oficial del Ministerio del Interior, pero un tipo poco interesante. No obstante, es alguien de la confianza del presidente, y con guiños claves en la “élite” paisa, que tendrá total acceso —así sea por pocos días— a las entrañas de la alcaldía. ¿Qué podrá encontrar? No tengo pruebas, pero tampoco dudas: muchas cosas.

Así que, Dr. Juan Camilo Restrepo, en la medida de lo posible, destape los libros 

David González Escobar

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