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2 y 8
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En Vallejuelo, la finca solariega de mi abuelo que después fue de mi madre, en Sopetrán, había pavos reales y pavos comunes o piscos, que llamamos. Entre los piscos que cuidaba Rosa, la mayordoma, había uno negro, grande y muy bravo que perseguía a los niños cuando lo molestaban y por supuesto los hijos de mi hermana Maritsa, insoportables ellos, gozaban molestando al pavo negro hasta que lo hacían correr detrás de ellos picoteando y graznando. Cierto día el pavo negro alcanzó a uno de mis sobrinos...
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