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Columnistas | PUBLICADO EL 13 octubre 2022

Desnudarse sin quitarse la ropa

Si Annie Ernaux no tuvo pudor de contar que su padre había intentado matar a su madre, yo tenía que ser capaz de escribir sobre la drogadicción de mi hermano.

  • Desnudarse sin quitarse la ropa
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Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

Ni siquiera llegué a ella por decisión propia. En realidad, la primera vez que la leí fue por obligación. Un profesor nos había pedido que escribiéramos acerca de un suceso de nuestra vida que, por pena, nunca le hubiéramos contado a nadie. Como lectura de referencia sugirió leer La vergüenza de Annie Ernaux. Esa fue la primera vez que oí su nombre. Salí de clase directo a comprarlo. Quienes me conocen saben que tengo el vicio de pasar horas en bibliotecas y librerías leyéndome el primer párrafo de todas las novelas que se me atraviesen. Ese día, sin embargo, no alcancé a leer ningún inicio diferente al del libro que había ido a comprar: «Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio», decía. Con esa sola línea tuve para salir corriendo a casa a devorarlo. En el camino pensé que si Annie Ernaux no tuvo pudor de contar que su padre había intentado matar a su madre, yo tenía que ser capaz de escribir sobre la drogadicción de mi hermano. Nunca se lo había contado a nadie porque me daba pena. Parecía justo lo que el profesor estaba pidiendo.

Lo que más me impresionó al leer La vergüenza fue la sencillez. La prosa era desapasionada y limpia, casi quirúrgica, como si la autora hubiera diseccionado con un bisturí cada frase hasta dejarla en su mínima expresión. No había condescendencia, ni emociones, ni frases rimbombantes, ni adjetivos innecesarios. Lo acabé esa misma noche y, de inmediato, puse el nombre de la autora francesa en el buscador de Google. Así me enteré de que todos sus libros eran autobiográficos. «Tal vez el verdadero propósito de mi vida sea que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir, en algo inteligible y universal, haciendo que mi existencia se funda con la vida y la cabeza de otras personas», leí en alguna entrevista antes de irme a la cama. Me demoré mucho en conciliar el sueño porque sentía que esas palabras habían sido escritas únicamente para mí. Fue una especie de revelación que estaba a punto de desatar mi propia escritura, aunque yo aún no lo supiera.

No tardé en buscar y leer otras de sus novelas. Mi favorita es El acontecimiento en donde narra su propio aborto precario y clandestino. También escribió sobre la pérdida traumática de la virginidad, la frustración del matrimonio, la muerte de la madre, el divorcio y la pasión carna.Temas menores, temas de mujeres como los calificaron los autores masculinos de la época. Ojalá hoy estén atragantándose con sus palabras.

En lo que a mí respecta, tengo que darle las gracias. Annie Ernaux me enseñó que uno puede desnudarse sin quitarse la ropa, dejar el alma en un trozo de papel. Por ella le perdí el miedo al narrador en primera persona. Además, aquel relato sobre mi hermano fue uno de los que dio origen a Cómo maté a mi padre que, vaya casualidad, se lanzó en Francia exactamente el mismo día en que a Ernaux le dieron el Nobel

Sara Jaramillo Klinkert

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