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El Grinch

Eso piensa el Grinch que me habita. Ahora bien, ¿Quién nos dijo a los aguafiestas que tenemos superioridad moral sobre un pueblo que disfruta genuinamente? La verdad, siento envidia de la capacidad que tiene la gente para gozar con tan poco.

18 de diciembre de 2024
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  • El Grinch

Por Dany Alejandro Hoyos Sucerquia - @AlegandroHoyos

Los planes más aburridores aparecen en diciembre. El primero es la fiesta de la empresa. Espacio creado por los jefes para emborrachar a los empleados y hacer que cuenten secretos. Rifan televisores, hornos microondas, un día de sol en San Jerónimo y hacen los mismos chistes internos. Al final, el empleado sale cargando una cajita con un buñuelo que se puso duro, un pedazo de natilla pálida, sin alma, una hojuela y un juguito en caja.

El segundo plan tedioso es la novena. Prefiero ver pegar adobes. Los mismos villancicos de siempre, el mismo niño leyendo mal: “ya la oveja bizca, ya el cordero manco”, no hay donde sentarse; borrachos, un niño llorando, la pólvora, una señora diciendo que ojo con la pólvora, un niño quemado. Un infierno. Toda celebración es hostigante.

En el primer puesto, en el top, está el paseo en la chiva rumbera. Hay que hacer curso de equilibrismo para no irse de bruces. Los bailarines con una mano tienen a la pareja y con la otra se aferran a un tubo, o a lo que sea, para no caerse. La música no suena, truena. No se puede salir a tomar aire como en una fiesta normal, por eso no queda de otra que conversar a los gritos. La sordera de este país es por las chivas rumberas.

Cuando paran a ver los alumbrados, hay un despistado que se pierde y no regresa. Todos están impacientes al lado de la chiva esperando que aparezca, hasta que alguien dice: Ya lo llamé y dijo que sigamos. Es decir, hubo alguien inteligente que abandonó el barco. Uno en ese momento piensa: hubiera sido yo. Al final llega uno a la casa con dolor de cabeza y el pitido infinito en los oídos que dura hasta marzo”.

Eso piensa el Grinch que me habita. Ahora bien, ¿Quién nos dijo a los aguafiestas que tenemos superioridad moral sobre un pueblo que disfruta genuinamente? La verdad, siento envidia de la capacidad que tiene la gente para gozar con tan poco. Amargado querido, despotricar de diciembre no te hace más interesante. Te hace ver como un aguafiestas ridículo en chanclas que alega por todo. Si no quieres ir a ningún plan es válido, pero deja de echarle mala leche a los que sí tuvieron una infancia feliz. Todo adulto amargado fue un niño traumado.

La novena, la chiva, los alumbrados, las velitas, la navidad, son la excusa para recibir y dar cariñito; para ser felices así sea por un momento; para compartir, regalar, contar los mismos chistes, bailar, cantar, engordar, y sí, puede que sea un paliativo de felicidad, pero qué importa, quién les quita lo bailado.

A los gustosos de diciembre, Dios les bendiga su suerte, celebren, abracen, coman chicharrón, buñuelos, natilla, besen a la prima, canten El arruinao, lloren, que la vida es una sola. Los dejo, hoy tengo una novena, un paseo en chiva y mañana fiesta de empleados. ¡Feliz navidad!

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