<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Columnistas | PUBLICADO EL 10 mayo 2021

Carta a mi hermano Guillermo

Amadísimo hermano;

Hoy 5 de mayo de 2021, 18 años después de tu absurda y dolorosa partida, y después de intentarlo sin éxito en muchas ocasiones, he por fin encontrado la fuerza para escribirte; esa fuerza la he hallado en el dolor.

El dolor que hoy comparto con miles de familias en Antioquia, Colombia y el mundo entero, que han visto partir para siempre a sus seres queridos en medio de la pandemia más letal del último siglo.

El dolor, hermano, que también a ti te laceró, de vernos violenta e injustamente apartados, en momentos tan críticos, de las sublimes responsabilidades y tareas que en nuestras manos depositaron democráticamente nuestras queridas gentes de Antioquia.

El dolor de ver cómo la violencia, esa contra la que luchaste entregando tu libertad y tu vida, esa maldita violencia que cambiando de nombres, de formas, de protagonistas y supuestas razones, sigue siendo después de más de 70 años nuestra propia y desgarradora pandemia estructural y permanente.

El dolor más grande aún de ver cómo frente a estas dos pandemias, la de hoy y la de siempre, parecemos, como dirigencia y como sociedad, seguir escogiendo el tortuoso camino del odio, la división y la muerte, en cambio de optar por la senda de la solidaridad, la unidad y la vida.

Tú tenías la razón y la continúas teniendo: el camino es la Noviolencia.

Hoy que tu ausencia cumple la mayoría de edad, quiero volver a comprometerme contigo, conmigo mismo, con mi gente, en ese tu legado, que es inspiración y guía.

Permíteme orar contigo, como lo hicimos tantas veces -la última en la propia Marcha a Caicedo- tu plegaria preferida, la de San Francisco de Asís:

"Donde haya odio, siembre yo amor"

No alentemos, no cultivemos el odio entre hermanos colombianos.

"Donde haya discordia, siembre yo unión"

No dividamos ni destruyamos; unámonos respetando las diferencias y valorando la inmensa riqueza en la diversidad de nuestra tierra y nuestra gente.

"Donde haya tristeza, siembre yo alegría"

Sigamos a pesar de la injusticia, la arbitrariedad y la mentira, entregándonos, pues esa es la alegría de servir.

Oremos, hermano, para acompañar a aquellos que hoy son golpeados por la ausencia de un ser querido, pero oremos con más fervor aún para suplicar que todos sintamos y comprendamos que este dolor, antes que hacernos más indiferentes, debe transformarnos; que seamos, como seres humanos y como civilización más solidarios y más unidos.

Hermano, hoy al exaltar también el sublime valor de la amistad, esa que te unió por la paz y en el martirio con el inolvidable Gilberto Echeverri, quiero celebrar también la vida del Gobernador (e) Luis Fernando Suárez, con quien siguiendo el hermoso ejemplo dejado por ustedes, queremos enviar un claro mensaje a nuestro pueblo: en medio del dolor, de la angustia, de la incertidumbre, seamos verdaderos amigos.

Hermano: imposible no recordar, y aún hoy más, a tus ocho compañeros de secuestro y de suplicio. Ellos son representación genuina de nuestras gentes, son la razón misma por la cual lo entregaste todo: no querías, no queremos más colombianos muertos por la violencia, llámense soldados, policías, guerrilleros, líderes sociales, manifestantes, campesinos, jóvenes, mujeres y niños.

Muchos dirán que es una utopía, otros que para qué te escribo. A los primeros les diré que no es una utopía sino la prioridad de cualquier persona y de todos: proteger, promover y honrar la vida. A los segundos les diré que te escribo porque no has muerto, estás vivo en mí, y en muchos, muchísimos otros en los cuales sembraste con tu amoroso ejemplo la maravillosa semilla de la Noviolencia.

Hermano, ¡TU MARCHA CONTINÚA!

Te admiro y quiero con toda el alma,

Aníbal

.