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¿Por qué el miedo a debatir?

Debatir no es un favor para los medios ni para los rivales. Es un deber con la democracia. En un debate se conocen la preparación, el carácter, el conocimiento y la capacidad de escuchar.

hace 3 horas
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  • ¿Por qué el miedo a debatir?

Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente

Participé en las últimas elecciones legislativas convencido de que los debates en universidades, medios y centros de pensamiento serían protagonistas. Imaginé una campaña llena de ideas, propuestas y contrastes. Pero me equivoqué, fueron escasos. Y no era solo mi impresión, lo mismo decían candidatos de distintos sectores políticos. Incluso fui invitado a varios debates en universidades públicas y privadas que, a última hora, fueron cancelados por los organizadores.

Hoy la política parece moverse por dos emociones básicas, el miedo y el odio. Muchos ciudadanos terminan votando contra Petro o contra Uribe, más que a favor de una visión de país que los represente. Cuando eso ocurre, la democracia pierde profundidad y el debate se queda sin contenido.

En parte, porque hemos dejado la discusión pública en manos de quienes viven del insulto, la provocación y la mentira. Gritan más, pero proponen menos. Hacen ruido, pero no construyen soluciones. Mientras tanto, las ideas y el trabajo serio quedan relegados. Basta revisar el desempeño de algunos de los congresistas más votados para encontrar pobreza de resultados y mediocridad en su labor.

Los colombianos merecemos conocer a quienes quieren gobernar este país: su visión, su hoja de vida, sus propuestas, su pasado, sus pecados y sus méritos. Elegir presidente o congresistas no puede parecer un acto de fe ni una apuesta a ciegas. Debe ser una decisión informada.

Por eso preocupa ver que, en la actual contienda presidencial, algunos candidatos evitan debatir, se ausentan o solo aceptan condiciones que les resulten favorables; pasó con Iván Duque y también pasa ahora con Iván Cepeda. Quien aspira a gobernar una nación no debería temerle a las preguntas incómodas, al contraste de ideas ni al escrutinio ciudadano.

Debatir no es un favor para los medios ni para los rivales. Es un deber con la democracia. En un debate se conocen la preparación, el carácter, el conocimiento y la capacidad de escuchar. Allí se distingue quién tiene propuestas y quién apenas repite consignas y ruido.

Las emociones políticas que gobiernan este país no pueden ser el odio y el miedo. Colombia necesita candidatos que emocionen, sí, pero también que sean técnicos, rigurosos y con programa. Y eso se descubre en la discusión pública, no en el ruido de las redes sociales.

Ojalá en esta primera vuelta presidencial regresen los debates amplios, abiertos y sin excusas. Colombia necesita menos espectáculo y más argumentos, menos fanatismo y más comunidades informadas.

Y los ciudadanos también tenemos una responsabilidad. No premiar con nuestro voto a quien le huye al debate democrático. Quien no es capaz de defender sus ideas ante el país difícilmente sabrá defender al país cuando llegue al poder.

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