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Formemos para lograr políticas públicas sensatas y de largo plazo, para dar los debates apropiados, y para elegir correctamente.
Por Paola Holguín - @PaolaHolguin
Hace unos días fui invitada a Minexpo 2026, evento organizado por la Asociación Colombiana de Minería (ACM) en Medellín, para hacer algunas reflexiones sobre la agenda de largo plazo en el Congreso de la República.
Empecé invitando a convertir esta crisis en oportunidad y a definir un consenso básico sobre el modelo de país y la visión sobre lo que queremos ser en las próximas décadas; para ello necesitamos una conversación amplia entre los sectores público y privado, la academia y la sociedad civil, entendiendo que no buscamos unanimismo y que en democracia opera el principio de mayorías.
Con la libertad como base, debemos concentrarnos como mínimo en tres puntos:
1. Democracia como sistema de Gobierno, porque contrario a lo que creemos, cada vez ha perdido más valor entre los ciudadanos y se ha deteriorado con más fuerza, de hecho, en el último Índice de Democracia de The Economist Colombia bajó 13 puestos de 2024 a 2025, pasando de democracia imperfecta a régimen híbrido, es decir, un sistema político que combina elementos democráticos con prácticas autoritarias.
2. Economía de mercado como sistema económico, especialmente hoy, cuando vivimos procesos acelerados de estatización, señalamientos contra el empresariado y estigmatización de sectores productivos.
Necesitamos, de manera urgente, mejorar la libertad económica, pues según el Índice 2026 de Heritage Foundation, con 59,8 puntos sobre 100, ocupamos el puesto 91 en el mundo y nos ubicamos como un país mayormente no libre. Adicionalmente, requerimos desregular, porque somos el quinto país del mundo con mayor complejidad corporativa; es urgente reducir el tamaño del Gobierno y su intervención; simplificar el régimen tributario y bajar la carga impositiva para dejar de ser el país con impuestos empresariales más altos de la OCDE; además, generar estrategias de estabilidad en las reglas de juego, y flexibilización en temas como el régimen laboral.
3. Relacionamiento internacional basado en los intereses nacionales y no en criterios de afinidad ideológica. Ejemplos recientes del mal manejo diplomático son: la guerra arancelaria con Ecuador, que es el mercado con el superávit más alto para Colombia; o las consecuencias de la no exportación de carbón a Israel que deteriora regalías y pone en riesgo unos 150 mil empleos, o las consecuencias en materia de seguridad y defensa por la exclusión de nuestro país del Escudo de las Américas, como medida de Estados Unidos por nuestra falta de compromiso en el combate al narcotráfico y el terrorismo.
Necesitamos un país gobernado por las ideas correctas. Donde, por ejemplo, en un sector fundamental como el minero, dejemos la posición vergonzante, y entendamos que Colombia es un país de vocación y tradición minera; que puede ser una gran oportunidad hoy, que los minerales críticos y las tierras raras se convierten en la nueva arma geoeconómica; que tenemos que superar falsos dilemas como desarrollo económico o medioambiente, minería o agua; que necesitamos avanzar en exploración para generar información pública, confiable y actualizada, más eficiencia en adjudicación y seguimiento de títulos, un marco normativo estable y predecible, y una apuesta por la legalidad.
Formemos para lograr políticas públicas sensatas y de largo plazo, para dar los debates apropiados, y para elegir correctamente; de lo contrario estaremos condenados a la pobreza.