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El inexplicable silencio del Papa Francisco

Frente a la crisis en Venezuela, no debemos confundir la ambigüedad con la prudencia; una virtud cardinal que se convierte en pecado cuando hay demasiada cautela o inacción ante la injusticia.

03 de agosto de 2024
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  • El inexplicable silencio del Papa Francisco
  • El inexplicable silencio del Papa Francisco

Por Aldo Civico - @acivico

¿Dónde está la voz del Papa Francisco frente al sufrimiento que atraviesa el pueblo venezolano en estos momentos? ¿Dónde está el pastor cuando sus ovejas sufren por los abusos, las torturas, la justicia sumaria y los asesinatos extrajudiciales perpetrados por el régimen de Maduro? ¿Dónde está su santa indignación ante un resultado electoral que hasta los niños saben que fue un escandaloso fraude? Estas son las preguntas que muchos católicos, y no solo ellos, nos hacemos. Estamos dolidos y desorientados por este silencio, especialmente porque el episcopado venezolano siempre ha mantenido una postura crítica frente a los regímenes de Chávez y Maduro.

Este no es el momento para la tibieza, ni para abandonar a quienes arriesgan sus vidas defendiendo el inalienable derecho a la libertad, una expresión fundamental de la dignidad humana. Frente a la crisis en Venezuela, no debemos confundir la ambigüedad con la prudencia; una virtud cardinal que se convierte en pecado cuando hay demasiada cautela o inacción ante la injusticia. El Vaticano debería haber aprendido de los errores del pasado. El concordato que Pío XII firmó con la Alemania de Hitler fue percibido por muchos como una legitimación del nazismo. En España, la Iglesia apoyó la dictadura de Franco, mientras que en Portugal respaldó el Estado Novo de Salazar. Igualmente ambigua y controvertida fue la relación del Vaticano con la junta militar en Argentina, un hecho que el Papa Bergoglio conoce muy bien, habiéndose reunido con el general Videla para salvar la vida de dos compañeros jesuitas. La Iglesia nunca se atrevió a condenar con vigor las atrocidades de la junta militar.

Más bien, la Iglesia católica debería inspirarse en el ejemplo del cardenal Raúl Silva Henríquez, una de las principales voces críticas contra el régimen de Pinochet. O en el heroico monseñor Óscar Romero, quien denunció las atrocidades del gobierno militar salvadoreño. Monseñor Romero nunca fue escuchado por el Vaticano, que lo aisló, facilitando así su asesinato. O en el obispo Juan José Gerardi, quien en Guatemala lideró el informe Recuperación de la Memoria Histórica y fue asesinado después de su publicación. Los santos nunca han estado del lado de una dictadura, nunca pecaron por exceso de prudencia.

A los once años, quedé fascinado con el Papa Karol Wojtyla, quién en estos días me hizo falta. Admiraba su apoyo al movimiento Solidaridad en Polonia, donde su líder, Lech Walesa, podía contar con la amistad y el respaldo de Juan Pablo II. Imagino que a María Corina Machado hoy le encantaría poder contar con el apoyo abierto y la amistad incondicional del Papa Francisco. Finalmente, el régimen comunista en Polonia colapsó también gracias al papel que jugó Wojtyla. El Papa Francisco podría desempeñar hoy un papel decisivo en la libertad de Venezuela. El libro de Eclesiastés en la Biblia proclama que hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar. Hoy es el tiempo de hablar, de pronunciar al menos una palabra de solidaridad, aliento y esperanza para el pueblo venezolano. Ojalá mañana, en la oración del Ángelus, el Papa Francisco rompa su silencio, que se está volviendo ensordecedor.

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