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A cuatro décadas de Chernóbil

Las sociedades empezaron a presionar a sus gobiernos y a los organismos internacionales para un control más estricto.

hace 1 hora
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  • A cuatro décadas de Chernóbil

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

El evento que transformó la realidad política, militar y tecnológica de la Guerra Fría, que aceleró el colapso soviético y por ende cimentó el ascenso indiscutible y hegemónico de Estados Unidos, cumple cuarenta años. En la madrugada del 26 de abril de 1986, una serie de errores humanos, torpezas técnicas, incapacidades administrativas y laberintos burocráticos del comunismo, desencadenaron en la tragedia de Chernóbil, el peor accidente nuclear civil de la historia. La explosión del reactor 4 de la central Vladimir Ilich Lenin, en lo que hoy es Ucrania, representó el caso más extremo de liberación radioactiva sin control. Cerca de 30 personas murieron en las semanas y meses posteriores y en los años siguientes se registraron miles de casos de cáncer vinculados al evento. Mijaíl Gorbachov, que llevaba menos de un año en el poder, apresuró sus reformas de restructuración económica (Perestroika) y apertura política (Glasnost) como una respuesta al desastre.

La imagen de la catástrofe atravesó al mundo. Lo llenó de pavor. El temor de un holocausto nuclear, tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki que Washington lanzó sobre Japón para finalizar la Segunda Guerra Mundial, fue el sustento de la realidad geopolítica de la postguerra y Chernóbil llegó, cuatro décadas después, para reactivarlo y transformarlo. Si los ataques a Japón representaban el pánico en medio de una época de guerra, el accidente de la planta en la Unión Soviética hacía posible la debacle en tiempos de paz. Si los primeros simbolizaban una decisión consiente de un país en conflicto, el segundo ponía en evidencia la factibilidad de un error trágico en el manejo de la energía de este tipo.

La carrera nuclear que lideró Estados Unidos en 1945 y a la que luego le seguirían las grandes potencias (La Unión Soviética, China, Reino Unido, Francia, India y Pakistán) tanto en el manejo militar como en el civil, encontró hace cuatro décadas un límite. Las sociedades empezaron a presionar a sus gobiernos y a los organismos internacionales para un control más estricto. Al mismo tiempo, Chernóbil tuvo enormes repercusiones en la mejora de los estándares de seguridad de sistemas que son fundamentales para producir energía y disminuir la dependencia de combustibles fósiles.

Hoy lo nuclear vuelve a los titulares de los medios de comunicación. La guerra entre Rusia y Ucrania se desarrolla peligrosamente con bombardeos en la zona de la tragedia (en el 2025 un dron ruso atacó el sarcófago que cubre el reactor y dañó la estructura) y en otras centrales como Zaporiyia, la más grande de Europa, por lo que vale la pena recordar lo ocurrido en esa madrugada de 1986.

En épocas de discursos enfurecidos y de amenazas diarias, de insultos entre potencias y trinos dementes que prometen la desaparición de una civilización en una noche, es importante tener presente la historia. No fue hace mucho que la humanidad vivió esos horrores y prometió no repetirlos.

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